domingo, 26 de febrero de 2012

Día 3 París: Perdidos en París.


16 de enero de 2012.

Esa mañana no madrugamos demasiado. Nos levantamos con calma y, tras desayunar, fuimos a hacer algo de compra para esos días en un supermercado próximo al hotel llamado Intermarche donde por cierto, fui realmente consciente de lo cara que es la vida en París, pagando por ejemplo la pera conferencia a 2,95 €/kilo o a 0,35 €/unidad de kiwis. Después fuimos a llevar la compra al hotel y, una vez concluidas las tareas domésticas pusimos rumbo a nuestro primer destino del día, el Grande Arche de la Défense.

  
Conectamos el GPS y marcamos el destino ¡Qué raro! decía que éste se encontraba a una distancia de 30 kms. Por no razonar un poco y no pararnos a mirar el mapa seguimos a rajatabla sus indicaciones sin ni si quiera preguntarnos si era normal que hubiera tanta distancia. Tras dar vueltas y más vueltas, meternos en una autopista por error por la que tuvimos que pagar 3,50 €, y volver a pagar la misma cantidad para salir y retomar el camino correcto, llegamos a la conclusión de que…

1) No puede ser que el Arche de la Défense esté tan lejos. 

2) Creo que la confianza que depositamos en nuestro GPS es auténtica fe ciega. 

3) Me he dado cuenta de que no he preparado en absoluto este viaje. 

4) ¿Será que los mapas no están actualizados? No puede ser, como mucho son de hace 5 años y el Arche de la Défense lleva construido desde 1989.

5) Que le den al GPS y vamos a sacar el mapa.

Cuando por fin decimos ir por libre ignorando al GPS nos tropezamos de bruces con el Arche de la Défense. Por curiosidad miramos al GPS para ver qué indicaba y, a parte de que según éste faltaban 9 kms cuando realmente lo teníamos a menos de 500 metros, nos decía que tirásemos en dirección a “Puteaux” ¿Puteaux? Fue inevitable no echarse unas risas. Con lo fácil que hubiera sido ver el mapa para darse cuenta de que el Arche de la Défense se encuentra en línea recta con el Arc del Triumphe, que a su vez se encuentra al lado de los Champs Élysées. ¡Aaaagggg!. Bueno, en mi favor tengo que decir que en el mapa que llevábamos no venía muy bien indicado y… resultaba algo confuso…. ejem, ejem, ¡Que no tenemos excusa vaya!

Pero esto no acaba aquí. Finalmente localizamos el Arche de la Défense pero, todavía teníamos que conseguir aparcar y esto iba a ser una árdua tarea, ya que el arco se encuentra dentro del distrito financiero, que a su vez es un laberinto de carreteras, puentes, subterráneos y multitud de parkings públicos y privados.

Tras dar unas cuantas vueltas por este alocado scalextric decidimos que ya era hora de aparcar porque, aunque queríamos ahorrarnos el dinero del parking intentando buscar una zona gratuita o alguna plaza de aparcamiento para discapacitados, teníamos un cabreo de narices. Había que aparcar donde fuese, pagando lo que hiciera falta pero saliendo por dios de aquel coche ya.  Decidimos meternos en el parking de un centro comercial llamado Les Quatre Temps que se encuentra al lado del Arche de la Défense pero, no iba a ser tan fácil….. El parking en si mismo era un laberinto, que si la zona fucsia, que si la mandarina y qué se yo cuantos colores y frutas más. No se si es que ya estábamos obcecados o que para aparcar allí había que tener un máster pero, no conseguíamos encontrar una puerta de acceso al centro comercial, o llegábamos a una zona sin salida, o a la salida misma. Finalmente, y tras dar más vueltas que una noria encontramos una entrada ¡Por fin!.  

Pero, todavía hay más. Buscamos un ascensor para entrar en el centro comercial y lo encontramos, nos subimos, pulsamos una planta y, no se muy bien cómo ni porqué llegamos a una zona sin retorno, es decir, no podíamos volver a coger el ascensor porque no tenía pulsador. Allí no había nada, era una especie de almacén con salida hacia una azotea ¡Ups!. Más cabreados todavía decidimos buscar una salida pero, no había nada parecido a una puerta por ningún lado. De repente vimos salir a un señor de una cámara frigorífica y, fue éste el que nos indicó la salida que, por cierto, no podía estar más escondida.¡Desastroso!

Finalmente, y después de esta odisea llegamos al centro comercial y salimos al exterior. Nos había costado tanto llegar hasta allí que, al principio, mirábamos el Arche de la Défense con algo de desprecio pero, unos minutos después y una vez más relajados fuimos conscientes de la magnitud de la edificación.

  
El Grande Arche de la Défense es un cubo hueco de 35 plantas que mide 108 metros de ancho, 110 metros de alto y 112 metros de profundidad. Su construcción fue propuesta por François Mitterrand, inaugurándolo en el año 1989 con motivo del bicentenario de la Revolución Francesa.

  
Está recubierto de paneles de vidrio, mármol blanco de Carrara y granito gris. En su parte alta existe un mirador al que se puede subir para ver las vistas panorámicas pero, del cual desconozco el precio.

  
El Arche de la Défense es una especie de puerta y broche final del eje central de París. Éste se encuentra perfectamente alineado con el Arc del Triumphe y el Arc del Carrusel, ubicado junto al Museo del Louvre. 

  
Tras hacer un par de fotos aprovechamos para comer en el centro comercial. Suso optó por un McDonald´s y yo por una pizzería. Después decidimos ir a visitar el Arco del Triunfo pero, primero teníamos que conseguir salir del parking. Tras pagar la friolera de 6 € por 1 hora y 58 minutos salimos, no sin dificultad, de aquel lugar.

Pusimos rumbo al Arc del Triumphe y, a pocos metros de llegar a éste encontramos un aparcamiento libre en la Avda de la Grande Armé. Aquí dejaríamos el coche aparcado el resto del día hasta que volviéramos al hotel.

  
La entrada al arco no es accesible en silla de ruedas, ya que para llegar hasta éste hay que bajar un tramo de escaleras, recorrer un pasillo bajo tierra y volver a subir otro tramo de escaleras. 

  
Como discapacitado y acompañante no nos cobraron nada por la entrada y, me olvidé de ver las tarifas de acceso. Una vez en la base del arco un ascensor nos llevó hasta la zona de exposiciones y la tienda de souvenirs y, una vez allí aparcamos la silla y tuvimos que subir un tramo de escaleras para llegar hasta la terraza. 


  
El Arc de Triomphe, de 49 metros de altura y 45 de anchura se encuentra en la Plaza Charles de Gaulle, en el extremo superior de los Champs Élysées. Fue construido entre 1806 y 1836 para glorificar las victorias de Napoleón y es, probablemente, el arco de triunfo más famoso del mundo. 


  
Napoleón decidió construirlo tras su victoria en la Batalla de Austerlitz en el año 1805, tras prometer a sus tropas que volverían a casa bajo arcos triunfales. Inicialmente Napoleón deseaba que se construyera en la Plaza de la Bastilla, lugar por donde los ejércitos iban a volver de la guerra pero, finalmente se cambió de ubicación. 
  
En su base se encuentra la Tumba del Soldado Desconocido que recuerda a los caídos de las guerras, lugar en el que permanece continuamente encendida una llama que las asociaciones de antiguos combatientes o víctimas de guerras reavivan todos los días a las 18:30, conmemorando su recuerdo.

  
El Arc del Triomphe presenta cuatro grandes relieves: la Partida de los voluntarios de 1.792, el Triunfo de Napoleón de 1.810, la Resistencia de 1.814 y la Paz de 1.915. 

  
Desde la terraza se ven las doce avenidas que confluyen en el arco, ofreciendo unas impresionantes vistas de la ciudad así como de algunos de los lugares turísticos más famosos de París. Además, estaba empezando a anochecer, por lo que hicimos un poco de tiempo para disfrutar de la puesta de sol y recrearnos haciendo fotos. 

   
Una vez abajo nos quedamos viendo el intenso tráfico de París desde el centro de la rotonda, comprobando una peculiaridad que después confirmamos y es que, en ella los coches que circulan por dentro deben dar preferencia a los que quieren entrar, al contrario de lo que suele ser habitual.

 
De ahí nos fuimos caminando por los Champs Élysées, la avenida más famosa de París, que con sus 1.880 metros de longitud conduce desde el Arc del Triomphe hasta la Place de la Concorde.

  
Digamos que los Champs Élysées se dividen en dos tramos, el primero, que va desde los Champs Élysées hasta Rond Point tiene mucha más vida, ya que la avenida está bordeada de bonitos edificios y tiendas de lujo, estando considerada una de las zonas de compras más exclusivas y caras del mundo. Y el segundo, desde Rond Point hasta la Place de la Concorde, donde la avenida está rodeada de jardines, palacios y teatros.

Esta avenida es un paseo mítico para el mundo del ciclismo. Es aquí donde se sitúa la línea de meta de la última etapa del Tour de Francia además de la entrega de premios final, que se celebra al lado del Arc del Triumphe. En el próximo tour, quien sabe, quizás veamos a algún guiñol subido al podium…..

Y tras caminar viendo tiendas y escaparates llegamos a la Place de la Concorde, construida bajo el reinado de Luis XV. En un principio se denominó Plaza de Luis XV pero, en 1792 se rebautiza como Plaza de la Revolución, siendo este el lugar donde fue instalada la famosa guillotina en la que fueron ejecutados Luis XVI o María Antonieta además de otras miles de personas. Con el fin del periodo de violencia de la Revolución francesa el gobierno decide rebautizarla nuevamente como Place de la Concorde.

  
En el centro de la plaza se encuentra el obelisco de Luxor, un monumento de 23 metros de altura proveniente del Templo de Luxor en Egipto. Luis Felipe I decidió erigirlo en este lugar debido a que, al ser un monumento sin ninguna vinculación con la historia nacional, impediría las querellas y tentativas de apropiación de esta zona por una u otra facción de la Revolución Francesa.


Aquí también se encuentra una gran noria y detrás de ésta el Jardín des Tuileries. Queríamos atravesar el jardín para llegar al Museo del Louvre pero, estaban a punto de cerrar así que fuimos caminando por la Rue de Rivoli hasta el museo.

No eran horas de entrar a ver obras de arte, para ello habíamos destinado nuestro último día en París, donde disponíamos de un par de horas antes de coger el avión. Ese día tan solo queríamos ver el entorno y la famosa pirámide del Louvre iluminada.

  
Esta pirámide de vidrio fue construida por el arquitecto Ieoh Ming Pei en el patio del Museo del Louvre, dotando a París de un atractivo turístico más y al museo de una entrada digna. Su construcción fue propuesta por François Mitterrand e inaugurada en el año 1989 con motivo del 200 aniversario de la Revolución Francesa.

 
Tras hacer algunas fotos y descansar un poco después de tanta caminata decidimos volver al hotel. Para ello cogimos la boca de metro Metropolitain que se encuentra al lado del Louvre y nos subimos a la línea 1 hasta Charles de Gaulle Étoile. Como ya he comentado en otra entrada, muchas bocas y zonas del metro no son accesibles, por lo que tuvimos que cargar con la silla en numerosas ocasiones, así como bajar algunos tramos de escaleras caminando.

  
Y llegamos al coche ¡Menudo frío!. Pusimos rumbo al hotel con la calefacción al máximo. Una vez allí tuvimos que volver a aparcarlo dentro del parking del hotel porque en el exterior estaba todo lleno. Nada más llegar cenamos y nos acostamos temprano. ¡Si es que viajar cansa mucho…..!

Al día siguiente iríamos a divertirnos a Disneyland París. 

sábado, 25 de febrero de 2012

Día 7 viaje a Miami. De camino a Orlando. Hotel Extended Stay Deluxe.

Viernes 18 de noviembre de 2011

Nos levantamos a las 6.30 de la mañana. La noche anterior nos habíamos acostado temprano porque teníamos que salir del barco entre las 7.00 y las 8.30 de la mañana para poder llevar nuestro equipaje sin tener que esperar a que nos lo sacara la compañía y, porque teníamos 380 kms hasta Orlando y queríamos llegar lo más pronto posible para aprovechar el día.

Esa mañana el buffet estaba un poco más lleno de lo habitual pero, no tuvimos problema en hacernos con una mesa. Tras el desayuno salimos del barco con la sensación de haber pasado unos magníficos días de descanso y de haber vivido una experiencia que sin duda alguna, más tarde o más temprano repetiremos, a ser posible nuevamente con Royal Caribbean, ya que el trato, el servicio y el precio nos habían dejado realmente satisfechos.

Antes de partir tuvimos que acercarnos al mostrador de atención al cliente porque en el listado detallado de gastos efectuados con la tarjeta Sea Pass nos habían hecho un cargo de 8 € en concepto de servicio de minibar que no habíamos utilizado. Por lo visto, habíamos tocado las cajas de frutos secos del camarote simplemente por curiosidad y nos los habían cobrado. No hubo problema y nos reingresaron dicho importe.

Al salir del barco tuvimos que pasar un control de inmigración. La noche anterior nos habían dejado en el camarote un formulario que, una vez rellenado presentamos en aduanas.

El día estaba lluvioso pero hacía calor. Esperamos al autobús gratuito de Hertz para que nos llevara hasta la oficina de Port of Miami, en 354 SE First Street y, curiosamente vino a recogernos el mismo chico que nos llevó a embarcar días antes. Una vez en la oficina nos atendió la chica hispana con la que habíamos tratado la primera vez y, en vez de un Chevrolet Aveo o similar, que era el coche que nos correspondía según la tarifa que habíamos pagado, nos dieron un Toyota Camry 2.500 de gasolina, un coche de gran tamaño muy chulo por el que pagamos 171,96 € por un total de 8 días. 

  
Nos propusieron contratar un seguro de avería o grúa por 38,42 $ a mayores. En caso de necesitarlo sin tenerlo contratado habría que pagar 200 $ por dicho servicio. La verdad es que cuando alquilamos coches nunca solemos coger ningún servicio adicional pero, teniendo en cuenta que nos habían dado un coche de categoría superior por el mismo precio y que además íbamos a hacer bastantes kilómetros, no nos lo pensamos demasiado y lo contratamos. 

Y pusimos rumbo a Orlando. Allí pasaríamos tres noches para conocer el parque de atracciones Universal Studios Florida, el Disney`s Hollywood Studios,  ver el espectáculo de La Nouba del Circo del Sol, así como hacer una visita al Kennedy Space Center en Cabo Cañaveral.

  
Al salir de Miami comenzó a llover con intensidad pero, a medida que fue pasando el tiempo el clima fue mejorando considerablemente. Cogimos la Interestatal 95 y, cuando quedaban cerca de 100 kms para llegar a Orlando el GPS nos desvió para meternos por la carretera vieja de Melbourne haciéndonos perder un poco de tiempo, ya que era una carretera mucho más estrecha, con más limitación de velocidad y con un acceso a la ciudad repleto de semáforos. Es lo que pasa por no querer llevarle la contraria....

  
Tras dos paradas para cambiarnos al volante, comer algo e ir al baño llegamos a Orlando a las 14:30 con un clima estupendo. No teníamos intención de visitar nada en concreto así que decidimos ir de compras al Orlando Premium Outlet.

  
Éste no es tan grande como el Outlet Sawgrass Mills de Miami que es impresionante pero, está muy bien y tiene multitud de tiendas de marcas y firmas muy conocidas. Antes de ponernos en serio con las compras nos acercamos a la zona de restauración a comer. Suso se decantó por unas pechugas de pollo rebozadas con patatas fritas y yo por una porción de pizza.

Después pasamos el resto de la tarde comprando: dos cazadoras Columbia, dos chaquetas y un jersey de la misma marca, tres pares de botas, dos pantalones Levis, una cartera y una camisa también Levis, 4 camisetas Reebok, calcetines, unas gafas Ray-Ban, un peluche de Mickey y una mochila grande de Adidas para meter la ropa más cara como equipaje de mano en el avión y no arriesgarnos a que se pudiera perder la maleta y con ella la inversión.

Tras hacer muchas compras y ninguna foto dimos por concluido el shopping cuando realmente fuimos conscientes de la hora que era porque las tiendas estaban cerrando. Antes de ir al hotel y teniendo en cuenta que no habíamos comprado nada para la cena y que no sabíamos si encontraríamos algún supermercado de camino decidimos cenar algo, repetimos con la pizza y de postre bollería. La verdad es que encontrar algo de comer no hubiera sido un problema porque en las inmediaciones del hotel había locales de comida por doquier así como algún supermercado. El más próximo era uno llamado Gooding´s que además estaba abierto las 24 horas.

Y nos fuimos al hotel, que se encontraba prácticamente al lado del outlet. En esta ocasión el escogido fue el Extended Stay Deluxe Hotel Orlando – Lake Buena Vista, ubicado en el 8100 Palm Parkway Orlando FL 32836.

  
El hotel está muy bien. Cuenta con una zona de aparcamiento gratuito en el exterior, piscina y lavandería, cuyo precio por lavado y secado es de 2 $ por servicio, detergente aparte. Además, el recepcionista que nos atendió era hispano por lo que no tuvimos ningún problema para entendernos.

  
La habitación era realmente un estudio enorme con dos camas de 1,35 cms, eso si, éstas eran bastante ruidosas y no especialmente cómodas. Además contaba con dos armarios y una zona de estar con sofá, televisor y DVD.


   
En el mismo espacio se encontraba la cocina, totalmente equipada y con menaje incluido, así como una mesa de comedor. Eso sí, la nevera era un poco ruidosa.


  
Y el baño se encontraba a parte. Estaba dotado de bañera, secador y numerosos amenities.

  
La habitación contaba con aire acondicionado y el wifi era de pago, 5 $ por toda la estancia. Además, había disponibilidad de habitaciones para fumadores y no fumadores. 


  
El precio de la habitación por tres noches con desayuno e iva incluido fue de 139,74 € a través de Booking. Eso sí, el desayuno era demasiado simple. Se servía de 7:00 a 10:00 de la mañana y consistía básicamente en zumo y café de máquina, de fruta solo naranjas o plátanos, cereales, yogures y mantequilla. Como bollería, unos días sirvieron gofres y una especie de pastas bastante malas, y otro día bagels y unas magdalenas pequeñas muy ricas. No era gran cosa y había que andar fino para no quedarse sin nada, sobretodo a última hora pero bueno, para matar el gusanillo y coger fuerzas por la mañana era suficiente. Como la temperatura en esta zona es tan buena, éste se tomaba en la terraza de la piscina, donde había un par de mesas y sillas.

  
El hotel contaba con un mostrador de venta de entradas para los parques de atracciones, tanto Disney como Universal, así como para diferentes espectáculos. Lo que no se, es si en los precios llevaba incluido algún tipo de comisión, que supongo que si. Como no sabíamos si Suso tendría algún descuento en la entrada para personas con discapacidad optamos por comprarlas en el mismo parque. Lo bueno, es que la persona que atendía este mostrador por las mañanas hablaba español.

El hotel también cuenta con servicio de transfer gratuito para ir a los parques de atracciones aunque, ahora que lo pienso creo que solo era para los de la factoría Disney, y no para Universal. El bus sale a ciertas horas y evita tener que pagar los 14 - 15 $ del coste que tienen los parkings de los parques. Como referencias, desde el hotel hay unos 3 kms hasta Downtown Disney, que es la zona de restaurentes temáticos y tiendas de Disney, donde también se encuentra la carpa del Circo del Sol. Unos 6-8 kms hasta Disney`s Hollywood Studios y unos 15 kms hasta Universal Studios Florida.

Al llegar al hotel recogimos las compras ¡Buf, llevamos siete días aquí y ya no no tenemos espacio en la maleta!. Entre el viaje y las compras estábamos cansados así que nos acostamos relativamente pronto. Al día siguiente íbamos a ir al parque de atracciones Universal Studios Florida a descargar muuuuucha adrenalina....

Gastos del día:

-       Hertz  171,96 € + 38,42 $
-       Ropa 866,33 $
-        Comida 23,09 $
-        Varios 2 $
-        Hotel 139, 74 €

lunes, 20 de febrero de 2012

Día 6 viaje a Miami: Cuarto día de crucero por Bahamas.

Jueves 17 de noviembre de 2011

A las 8.00 de la mañana estábamos en pie. Aún no habíamos llegado a nuestro próximo destino, Key West, el cayo más famoso de Florida y la ciudad más meridional de los Estados Unidos.
 
Desayunamos y sobre las 9.30 subimos a la cubierta 7, la habilitada para no residentes estadounidenses ya que, tras haber dejado atrás Bahamas habíamos regresado de nuevo a los Estados Unidos y teníamos que pasar un control de inmigración. 

 
Hicimos cola durante cerca de media hora hasta que, sobre las 10.00 el barco atracó en Key West y se subieron los de inmigración que, de forma fluida nos fueron pidiendo el pasaporte y las tarjetas Sea Pass.

 
Key West, o también llamado Cayo Hueso, es una isla que forma parte del archipiélago de los Cayos de Florida. Éste está compuesto por alrededor de 1700 islas que se extienden hasta Key West, la última de las islas habitadas. 

  
Desde Miami a Key West hay unas 160 millas (260 kms) que por carretera se tardan bastante en recorrer, alrededor de tres hora y media y es que, la vía es prácticamente de un sentido y está limitada a 45 millas, unos 80 kms/hora. El extremo sur de Key West está a unas 90 millas (150 kms) de Cuba por lo que, está más cerca de Cuba que de Miami. 

 
Nada más salir del barco nos acercamos a un puesto donde alquilaban ciclomotores, el precio para dos personas era de 65 $. Las motos no las tenían allí mismo así que nos llevaron en un carrito eléctrico hasta el local donde formalizaríamos la reserva. Al rellenar la solicitud nos encontramos con dos sorpresas, la primera, que al precio marcado había que sumarle 10 $ en concepto de tasas y gasolina, y la segunda, que nos habíamos dejado la tarjeta de crédito en el camarote y era requisito imprescindible dejarla como garantía así que.... ¡Ups! cambio de planes.


Hacía el final del viaje volveríamos a Key West en coche para recorrer por carretera algunos de los cayos de Florida como Key Largo, Islamorada, Marathon o Big Pine Key entre otros por lo que, con más ganas de descansar que de visitar decidimos ir a pasar la mañana a la playa.

 
De camino recorrimos varias calles de la ciudad. La verdad es que Key West posee una mezcla de ambiente hippie y bohemio que le confiere mucho encanto.  


En el pasado estas islas fueron refugio de piratas, pescadores, comerciantes, buscadores de tesoros y personas rechazadas socialmente. Hoy en día Key West es una ciudad cuya singular atmósfera repleta de bonitas mansiones, cafés y restaurantes, tiendas de moda y antigüedades, galerías de arte, así como de sus pintorescos habitantes, artistas en gran parte conocidos como “conchs”, contribuyen a crear una ciudad que parece un auténtico decorado. 

 
La ciudad es fácil de recorrer ya sea caminando o utilizando los tranvías, autobuses, trenes turísticos, alquilando bicicletas, scooters, coches eléctricos o utilizando los Pink Cabs, que son los taxis de la ciudad y que, con su llamativo color rosa agregan una nota aún más alegre al lugar. 

 
En un puesto de contratación de excursiones pedimos un mapa y, tras estudiarlo, decidimos acercarnos a la playa que nos quedaba más próxima, ya que pensábamos ir hasta ella caminando. Esta se encontraba dentro del T. Zachary Taylor State Park, relativamente cerca del muelle donde estaba atracado el barco. Al sur de la isla existen otras playas más grandes como Rest Beach o Smathers Beach y que a nuestro regreso a Key West vimos desde la carretera. Están muy bien y son bastante más grandes por lo que pueden ser una buena opción.


Aún así llegar hasta la playa elegida con las silla nos llevó un buen rato y, aunque en un primer momento resultaba llamativo ir viendo las calles y sus edificaciones, buena parte del recorrido lo hicimos por zonas que no tenían nada destacado que ofrecer. Además, hacía un sol de justicia por lo que estábamos deseosos de llegar pronto para darnos un chapuzón.

Para llegar hasta esta playa hay que atravesar una caseta de acceso y pagar 2,5 $ por persona para los peatones, ya que si se lleva vehículo el precio sube un par de dólares.

La playa no era muy bonita pero estaba bien acondicionada, con zonas de aparcamiento, mesas de picnic, duchas, barbacoas, alquiler de hamacas y sombrillas, aseos, taquillas y un chiringuito. Tampoco era muy grande y tenía bastantes piedras en la orilla, excepto en el extremo derecho, por lo que fue allí a donde nos dirigimos. Lo bueno es que apenas había gente por lo que estuvimos la mar de tranquilos.

 
Solicitamos en el chiringuito que nos prestaran la silla de ruedas adaptada para la arena y que nos guardaran la nuestra. No hubo problema pero nos pidieron como garantía una tarjeta de crédito ¡Ups otra vez! En su lugar dejamos las tarjetas sea pass del crucero.

Buscamos un sitio próximo a la orilla libre de piedras y después nos dimos el deseado baño. Al salir habíamos quedado tan a gusto que nos quedamos dormimos ¡Que gustazo!.


Al despertar nos dimos otro chapuzón y sobre las 13.30 decidimos volver al barco, a comer en el buffet y a pasar el resto de la tarde en la piscina y descansando.

 
El buffet cerraba a las 14.30 pero llegamos con tiempo suficiente para comer. Después nos fuimos a tomar el sol a la piscina y a bañarnos aunque, sobre las 16:30 el día comenzó a nublarse. Si hubiéramos esperado un poco habríamos visto la puesta de sol desde el Mallory Square, ya que nuestro barco estaba atracado en dicho muelle pero, preferimos reservarlo para la próxima visita. Esta puesta de sol está considerada una de las mayores atracciones de Key West, reuniendo a multidud de gente para disfrutar del atardecer así como de las numerosas atracciones de los artistas callejeros.

  
Era nuestra última noche a bordo y sobre las 18.30 se iba a realizar una charla con la embajadora internacional en español sobre como se realizaría el desembarco. Ésta nos comentó que si al día siguiente salíamos entre las 7.00 y las 8.30 de la mañana podíamos hacerlo llevando nuestro equipaje pero, que si lo hacíamos después de dicha hora había que dejarlo preparado en la puerta del camarote con una pegatina identificativa de color con nuestros datos que teníamos disponible en la habitación. A cada color se le asignaba una zona de espera concreta y una hora específica de salida. 

 
También nos hablaron de las propinas. Esa tarde al llegar al camarote nos encontramos unos sobres y los cheques prepago de las propinas para dárselos a los jefes de camareros, camareros, asistentes de camareros y asistentes de limpieza que quisiéramos. Nosotros las teníamos incluidas en el precio del crucero pero, la verdad es que resultó un poco raro porque apenas habíamos tratado con ningún empleado esos días. Esa tarde vimos a la chica que nos había hecho la habitación y se lo dimos en mano.

En la cena le dimos otro de los sobres a un empleado que siempre nos recibía muy amablemente en la puerta y, cuando se la íbamos a dar a uno de los camareros habituales del buffet, éste nos comentó que las propinas prepago de los camareros ya estaban asignadas de antemano a los empleados del restaurante, lo hubiéramos pisado o no, como era nuestro caso. De la conversación mantenida deducimos que, aunque las propinas ya estaban adjudicadas previamente, el echo de entregarle el sobre a un empleado es un detalle para éste, lo vaya a cobrar o no y, además, si se quiere premiar a alguien en concreto, los sobres permiten meter a mayores un dinerito en concepto de gratitud.

Tras la cena fuimos a nuestra cita nocturna habitual, la Sala Boleros, donde actuaba el grupo Dominican Quarter. Era nuestra última noche a bordo del Majestic of the Sea pero estábamos especialmente cansados así que, tras ver el espectáculo volvimos al camarote.


Al día siguiente llegaríamos a Miami y, nada más desembarcar pondríamos rumbo a Orlando para disfrutar como niños de un par de días de parques de atracciones.

Gastos del día:

5 $ Acceso playa. 
2,59 $ Consumición.