A las 8.00 de la mañana estábamos en pie. Aún no habíamos llegado a nuestro próximo destino, Key West, el cayo más famoso de Florida y la ciudad más meridional de los Estados Unidos.
Desayunamos y sobre las 9.30 subimos a la cubierta 7, la habilitada para no residentes estadounidenses ya que, tras haber dejado atrás Bahamas habíamos regresado de nuevo a los Estados Unidos y teníamos que pasar un control de inmigración.
Hicimos cola durante cerca de media hora hasta que, sobre las 10.00 el barco atracó en Key West y se subieron los de inmigración que, de forma fluida nos fueron pidiendo el pasaporte y las tarjetas Sea Pass.
Key West, o también llamado Cayo Hueso, es una isla que forma parte del archipiélago de los Cayos de Florida. Éste está compuesto por alrededor de 1700 islas que se extienden hasta Key West, la última de las islas habitadas.
Desde Miami a Key West hay unas 160 millas (260 kms) que por carretera se tardan bastante en recorrer, alrededor de tres hora y media y es que, la vía es prácticamente de un sentido y está limitada a 45 millas, unos 80 kms/hora. El extremo sur de Key West está a unas 90 millas (150 kms) de Cuba por lo que, está más cerca de Cuba que de Miami.
Nada más salir del barco nos acercamos a un puesto donde alquilaban ciclomotores, el precio para dos personas era de 65 $. Las motos no las tenían allí mismo así que nos llevaron en un carrito eléctrico hasta el local donde formalizaríamos la reserva. Al rellenar la solicitud nos encontramos con dos sorpresas, la primera, que al precio marcado había que sumarle 10 $ en concepto de tasas y gasolina, y la segunda, que nos habíamos dejado la tarjeta de crédito en el camarote y era requisito imprescindible dejarla como garantía así que.... ¡Ups! cambio de planes.
Hacía el final del viaje volveríamos a Key West en coche para recorrer por carretera algunos de los cayos de Florida como Key Largo, Islamorada, Marathon o Big Pine Key entre otros por lo que, con más ganas de descansar que de visitar decidimos ir a pasar la mañana a la playa.
De camino recorrimos varias calles de la ciudad. La verdad es que Key West posee una mezcla de ambiente hippie y bohemio que le confiere mucho encanto.
En el pasado estas islas fueron refugio de piratas, pescadores, comerciantes, buscadores de tesoros y personas rechazadas socialmente. Hoy en día Key West es una ciudad cuya singular atmósfera repleta de bonitas mansiones, cafés y restaurantes, tiendas de moda y antigüedades, galerías de arte, así como de sus pintorescos habitantes, artistas en gran parte conocidos como “conchs”, contribuyen a crear una ciudad que parece un auténtico decorado.
La ciudad es fácil de recorrer ya sea caminando o utilizando los tranvías, autobuses, trenes turísticos, alquilando bicicletas, scooters, coches eléctricos o utilizando los Pink Cabs, que son los taxis de la ciudad y que, con su llamativo color rosa agregan una nota aún más alegre al lugar.
En un puesto de contratación de excursiones pedimos un mapa y, tras estudiarlo, decidimos acercarnos a la playa que nos quedaba más próxima, ya que pensábamos ir hasta ella caminando. Esta se encontraba dentro del T. Zachary Taylor State Park, relativamente cerca del muelle donde estaba atracado el barco. Al sur de la isla existen otras playas más grandes como Rest Beach o Smathers Beach y que a nuestro regreso a Key West vimos desde la carretera. Están muy bien y son bastante más grandes por lo que pueden ser una buena opción.
Aún así llegar hasta la playa elegida con las silla nos llevó un buen rato y, aunque en un primer momento resultaba llamativo ir viendo las calles y sus edificaciones, buena parte del recorrido lo hicimos por zonas que no tenían nada destacado que ofrecer. Además, hacía un sol de justicia por lo que estábamos deseosos de llegar pronto para darnos un chapuzón.
Para llegar hasta esta playa hay que atravesar una caseta de acceso y pagar 2,5 $ por persona para los peatones, ya que si se lleva vehículo el precio sube un par de dólares.
La playa no era muy bonita pero estaba bien acondicionada, con zonas de aparcamiento, mesas de picnic, duchas, barbacoas, alquiler de hamacas y sombrillas, aseos, taquillas y un chiringuito. Tampoco era muy grande y tenía bastantes piedras en la orilla, excepto en el extremo derecho, por lo que fue allí a donde nos dirigimos. Lo bueno es que apenas había gente por lo que estuvimos la mar de tranquilos.
Solicitamos en el chiringuito que nos prestaran la silla de ruedas adaptada para la arena y que nos guardaran la nuestra. No hubo problema pero nos pidieron como garantía una tarjeta de crédito ¡Ups otra vez! En su lugar dejamos las tarjetas sea pass del crucero.
Buscamos un sitio próximo a la orilla libre de piedras y después nos dimos el deseado baño. Al salir habíamos quedado tan a gusto que nos quedamos dormimos ¡Que gustazo!.
Al despertar nos dimos otro chapuzón y sobre las 13.30 decidimos volver al barco, a comer en el buffet y a pasar el resto de la tarde en la piscina y descansando.
El buffet cerraba a las 14.30 pero llegamos con tiempo suficiente para comer. Después nos fuimos a tomar el sol a la piscina y a bañarnos aunque, sobre las 16:30 el día comenzó a nublarse. Si hubiéramos esperado un poco habríamos visto la puesta de sol desde el Mallory Square, ya que nuestro barco estaba atracado en dicho muelle pero, preferimos reservarlo para la próxima visita. Esta puesta de sol está considerada una de las mayores atracciones de Key West, reuniendo a multidud de gente para disfrutar del atardecer así como de las numerosas atracciones de los artistas callejeros.
Era nuestra última noche a bordo y sobre las 18.30 se iba a realizar una charla con la embajadora internacional en español sobre como se realizaría el desembarco. Ésta nos comentó que si al día siguiente salíamos entre las 7.00 y las 8.30 de la mañana podíamos hacerlo llevando nuestro equipaje pero, que si lo hacíamos después de dicha hora había que dejarlo preparado en la puerta del camarote con una pegatina identificativa de color con nuestros datos que teníamos disponible en la habitación. A cada color se le asignaba una zona de espera concreta y una hora específica de salida.
También nos hablaron de las propinas. Esa tarde al llegar al camarote nos encontramos unos sobres y los cheques prepago de las propinas para dárselos a los jefes de camareros, camareros, asistentes de camareros y asistentes de limpieza que quisiéramos. Nosotros las teníamos incluidas en el precio del crucero pero, la verdad es que resultó un poco raro porque apenas habíamos tratado con ningún empleado esos días. Esa tarde vimos a la chica que nos había hecho la habitación y se lo dimos en mano.
En la cena le dimos otro de los sobres a un empleado que siempre nos recibía muy amablemente en la puerta y, cuando se la íbamos a dar a uno de los camareros habituales del buffet, éste nos comentó que las propinas prepago de los camareros ya estaban asignadas de antemano a los empleados del restaurante, lo hubiéramos pisado o no, como era nuestro caso. De la conversación mantenida deducimos que, aunque las propinas ya estaban adjudicadas previamente, el echo de entregarle el sobre a un empleado es un detalle para éste, lo vaya a cobrar o no y, además, si se quiere premiar a alguien en concreto, los sobres permiten meter a mayores un dinerito en concepto de gratitud.
Tras la cena fuimos a nuestra cita nocturna habitual, la Sala Boleros, donde actuaba el grupo Dominican Quarter. Era nuestra última noche a bordo del Majestic of the Sea pero estábamos especialmente cansados así que, tras ver el espectáculo volvimos al camarote.
Al día siguiente llegaríamos a Miami y, nada más desembarcar pondríamos rumbo a Orlando para disfrutar como niños de un par de días de parques de atracciones.
Gastos del día:
5 $ Acceso playa.
2,59 $ Consumición.

5 comentarios:
Me encantan las casas...Son tan diferentes a las nuestras y parecen tan acogedoras..El autobus me pareció curioso..En cuanto a la puesta de sol..Impresionante que debió ser contemplarla...Espero que no se quemaran al quedarse dormidos al sol,je..un besito
Hola Mariposa!
Las casitas eran una chulada y es cierto que pareceren muy acogedoras. Además, el clima de los Cayos de Florida es una gozada. Era noviembre y hacía muchísimo calor.
La puesta de sol no la vimos ese día porque preferimos dejarlo para nuestra siguiente visita a la ciudad, momento al que corresponde la foto que has visto y si, es impresionante. Congrega a mucha gente y merece la pena acercarse a verla.
No jejeje, no nos quemamos. Siempre nos embadurnamos mucho de crema. Eso sí, de tanto sol y playa esos días cogimos un buen morenito.
Un besito.
sabes donde se puede contratar un servicio de Limusina miami?
Que sitio más curioso! como dices, parece más un decorado de esos que hay en Hollywood que un pueblo, pero parece agradable.
Y vaya jaleo con las propinas, no saben nada estos americanos jajaja.
besos!
La ciudad es muy bonita. Es todo tan diferente y está tan cuidado que parece un decorado (con rima y todo). Además, aunque hay mucho turista por la calle, siempre te encuentras con algún personaje peculiar o incluso algún gallo entre el gentío a sus anchas.
Y si, lo de las propinas es un poco lioso. A veces uno no sabe si dar, si no dar, si es mucho, si es poco. En fin... aquí no estamos acostumbrados y nos resulta extraño.
Un besito.
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