15 de enero de 2012
A las 9.00 de la mañana estábamos en pie. Tras preparar el desayuno en la cocina de la habitación pusimos rumbo a la Torre Eiffel, que se encuentra a 8 kms del hotel en coche.
Encontramos aparcamiento en medio de los Champs de Mars, que es la zona ajardinada que hay entre la Torre Eiffel y el Ecole Militaire. El aparcamiento era de zona azul de pago pero, creo que al igual que en España los domingos es gratuito. Nosotros supusimos que al tener la tarjeta de aparcamiento para discapacitados no pagaríamos nada y, ahora puedo decir casi con total seguridad que los discapacitados están exentos de pagar. Pero lo digo no porque nos lo hayan confirmado, sino porque si no fuera así ya nos habrían multado seguro.
La Torre Eiffel es el emblema de París y el símbolo de Francia, además de uno de los monumentos más visitados del mundo. Esta estructura de hierro fue durante más de 40 años la más elevada del mundo hasta ser superada por el edificio Chrysler de Nueva York en el año 1930.
Mide 300 metros de altura, longitud que posteriormente fue prolongada con una antena hasta los 325 metros. Fue diseñada por el ingeniero francés Gustave Eiffel para la Exposición Universal de París de 1889 y, aunque hoy en día París resulta inimaginable sin "la dame de fer", en sus inicios, su creador tuvo que aguantar numerosas recriminaciones cuando, supuestamente, estropeó la imagen urbana de la ciudad con esta torre desnuda que actualmente es todo un orgullo para los parisinos.
La primera impresión al verla fue de asombro. Además de por su tamaño, nos sorprendió gratamente su estilizada y armónica silueta. Hicimos unas fotos de rigor desde abajo y después nos acercamos a las taquillas a comprar las entradas para subir a ella.
Para subir a la Torre Eiffel hay dos taquillas de venta de entradas, una para hacerlo en ascensor y otra para subir por las escaleras caminando. Los precios varían en función de si se sube de una u otra forma y, de si se hace hasta la primera, segunda o tercera planta. He aquí la web con las tarifas.
Había leído que suele haber grandes colas para comprar las entradas pero, ese día en concreto no había demasiadas. Hay que tener en cuenta que era enero, domingo, y hacía un frío que pelaba. Nos acercamos a un trabajador y éste nos comentó que al ir con la silla de ruedas no teníamos que esperar cola pero, que por motivos de seguridad las personas con discapacidad y sus acompañantes solo pueden llegar hasta la segunda planta, ya que para acceder hasta la tercera hay que subir un pequeño tramo de escaleras y, en caso de evacuación podría suponer un problema.
El trabajador me acompañó hasta la taquilla y compré las entradas, cuyo coste fue de 4,10 € por persona con la tarifa reducida para discapacitados. Después cogimos el ascensor y subimos hasta la segunda planta.
Una vez arriba nos asomamos a contemplar las vistas, que son espectaculares. El Sena, la Ecole Militaire, la Cité de L´Architecture, la cúpula de Les Invalides, la Tour Montparnasse, así como la ciudad en general. Si ya desde la segunda planta la altura y las vistas son impresionantes, no me quiero imaginar como se vería la ciudad desde la tercera.
Bordeamos la terraza para contemplar las vistas desde todos los lados y, tras realizar numerosas fotos decidimos bajar. Un consejo, os recomendaría subir a la Torre Eiffel de día y a la Torre Montparnasse de noche, ya que esta última incluye las vistas de la Torre Eiffel iluminada y ésta se ve preciosa.
Una vez abajo nos acercamos hasta la Cité de L´Architecture, ya que había leído que ofrece muy buenas vistas de la Torre Eiffel. Allí mismo, un artista callejero estaba actuando y me quedé un rato viendo el show.
De ahí fuimos por la orilla del Sena viendo las embarcaciones que la navegan, así como los diferentes barcos-vivienda que habitan en el río.
Teníamos pensado ir hasta el Pont de Grenelle para ver la escultura de la estatua de la libertad, idéntica a la que hay en State Island en Nueva York pero considerablemente más pequeña aunque, finalmente lo descartamos porque era mediodía y teníamos hambre. Cruzamos el Pont de Bir–Hakeim y seguimos por el Boulevard de Grenelle hasta la esquina con la calle Du Commerce, donde había un McDonalds.
A la salida y por recomendación de una parisina compramos en una panadería-pastelería que se encontraba en la Avda Motte-Picquet, al lado de un Starbucks, unos croasants de postre que estaban muy buenos y una baguette para la cena.
Después fuimos caminando por dicha avenida hasta la Ecole Militaire, y de ahí continuamos hasta Les Invalides para ver la Catedral, el Musée de L´Armee y la tumba de Napoleón, que descansa bajo la cúpula dorada del edificio.
El Hotel y Catedral de les Invalides fue construído por orden de Luis XIV, el Rey Sol, para albergar a los inválidos de la guerra. Este gigantesco edificio cuenta con una brillante cúpula revestida con láminas de plomo dorado que se dora cada 50 años para mantenerla en todo su esplendor, y que está considerada una obra maestra de la arquitectura barroca.
La entrada al recinto tenía un coste pero, los discapacitados y un acompañante de estos pueden acceder al interior de forma gratuita. Eso sí, el acceso es un tanto complicado, ya que el suelo está adoquinado y, aunque existe un tramo liso en los laterales, para llegar hasta el hay que subir unos escalones.
Primero visitamos la catedral y después entramos en el Musée de L´Armee que, a pesar de su carácter bélico fue muy interesante.
Cuando nos disponíamos a entrar en la tumba de Napoleón nos encontramos con que había cerrado así que, tuvimos que conformarnos con ver el edificio iluminado desde fuera.
De ahí seguimos caminando por el Boulevard dus Invalides y el Boulevard du Montparnasse hasta llegar a la Torre Montparnasse, un edificio que con sus 210 metros de altura es, tras la torre AXA de La Défense (220 m), el segundo rascacielos más alto de Francia.
Al lado de la Torre Montparnasse se encuentra una de las Galerías Lafayette, consideradas el centro comercial más famoso y mítico de la capital francesa. Aunque las más destacadas no son éstas, sino las que se encuentran en la calle Lafayette, al lado de la Opera Garnier, un edificio de estilo Art Nouveau cuyo elemento más característico es su majestuosa cúpula de cristal de estilo neo-bizantino que ha sido calificada como monumento histórico.
La Torre Montparnasse ofrece unas magníficas vistas de la ciudad y su mar de luces. El edificio consta de dos miradores, uno en la planta 56 que en ese momento estaba en obras, y otro en el piso 59, donde hay una terraza exterior recubierta de vidrio que cuenta con espacios abiertos para poder sacar fotos sin el molesto cristal de por medio.
El coste de las entradas fue de 2,50 € para Suso por discapacitado y de 7 € para mi. Eso sí, hay que tener en cuenta que las sillas solo pueden subir hasta el piso 56, ya que para llegar hasta el 59 hay que subir tres tramos de escaleras. Y cogimos el ascensor, considerado el más rápido de Europa por subir los 196 metros de altura hasta el piso 59 en apenas 38 segundos.
Las vistas desde la terraza son impresionantes, especialmente de la Torre Eiffel que, iluminada, está realmente bonita. Una recomendación, intentad permanecer en la terraza a las horas en punto, ya que la Torre Eiffel ofrece una iluminación especial durante cinco minutos.
Y tras disfrutar de las vistas, hacer multitud de fotos, pasar muuuucho frío a pesar de estar protegidos detrás del cristal, así como de sentir el movimiento del edificio a consecuencia de la altura y el viento, decidimos que era hora de bajar y volver al hotel.
Estábamos muy lejos del coche para ir caminando así que nos acercamos a la estación de tren y metro Montparnasse que se encontraba al lado de la torre y cogimos la línea 6 del metro en dirección a Étoile. El precio de cada billete fue de 1,70 €, aunque supongo que habrá algún bono para que los trayectos salgan algo más económicos. Eso sí, en muchas paradas la accesibilidad es escasa o incluso nula, por lo que Suso tuvo que bajarse de la silla en numerosas ocasiones.
En seis paradas llegamos a nuestra estación, la de Bir Hakeim, donde bajamos y continuamos caminando hasta los Champs de Mars, lugar en el que habíamos dejado el coche.
Y de ahí nos fuimos al hotel a pegarnos una duchita bien caliente para combatir el frío y por supuesto a cenar que, de tanta caminata, estába realmente hambrienta.
Al día siguiente continuaríamos visitando los monumentos más conocidos de la ciudad pero... esto queda pendiente para la próxima entrada.
2 comentarios:
París me tiene enamorada, me ha encantado tu entrada y me ha traído numerosos recuerdos de las 3 veces que estuve allí, la última este verano. Un besotee
Gracias Duna!. París es una ciudad preciosa, no me extraña que te haya enamorado. Yo no suelo repetir destino pero, quien sabe, todavía nos han quedado muchas cosas por ver...
Saludos.
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