La noche anterior nos habíamos acostado temprano, el ajetreado día de compras en el Outlet Sawgrass Mills nos había dejado agotados. A eso de las 6.30 ya estábamos en pie listos para iniciar nuestro primer crucero ¡Que ilusión!. Había estado lloviendo por la noche pero, en menos de un par de horas el sol volvió a hacer acto de presencia y el resto del día tuvimos un tiempo espléndido y caluroso. Un lujo de clima.
Mientras desayunábamos pedimos en recepción que nos imprimieran los check-in del crucero, ya que no habíamos podido hacerlo en casa por falta de tinta en la impresora. Nos habían recomendado hacerlo para ganar tiempo con los trámites de embarque y así lo hicimos.
El crucero lo reservamos a través de la agencia de viajes de El Corte Inglés de Zamora, donde recibimos un trato estupendo y de lo más profesional ¡Gracias Mónica!. Un saludo para ti y tus compañeras.
Después de ver varios destinos y posibilidades nos decantamos por un crucero por Bahamas de cinco días y cuatro noches con la naviera Royal Caribbean. Nunca habíamos ido de crucero y nos pareció una excelente opción para compaginar con Miami y Orlando en un viaje de quince días a los EEUU. Ahora que ya hemos vuelto y lo hemos vivido, os puedo asegurar que fue una gran elección, el crucero nos encantó, lo pasamos genial y sin duda repetiremos.
Durante el crucero visitamos las islas bahamenses de Nassau y Coco Cay, esta última es una isla privada de Royal Caribbean, así como Key West, la isla más famosa de los Cayos de Florida, ya en EEUU. El precio os va a sorprender: crucero de 5 días y 4 noches del 14 al 18 de noviembre en camarote interior, pensión completa y propinas incluidas por 527,77€ (263,88€ por persona). Lo de que las propinas estén incluidas es muy interesante, ya que lo que está estimado que se entrega en propinas por persona y día en este crucero es de 3,75$ para el camarero del salón comedor, 2,15$ para el ayudante del camarero, 0,75$ para el jefe de camareros y de 5$ para el asistente de camarote.
Con la ilusión de iniciarnos en nuestro primer crucero dejamos el Motel Bianco y pusimos rumbo a la oficina de Hertz más próxima al puerto, no sin antes hacer una parada en el supermercado Publix próximo al motel para comprar un par de cosas de última hora, así como para echar gasolina al coche y devolverlo con el tanque lleno.
Y llegamos a la oficina de Hertz, esta se encuentra en Port of Miami, 354 S E First Street, y es la más próxima al puerto. El coche lo habíamos recogido el día de llegada en la oficina del Aeropuerto Internacional de Miami con la intención de devolverlo en ésta, ya que desde aquí podíamos coger el autobús de la compañía que acerca a los clientes hacia sus respectivos muelles de forma gratuita. A nuestro regreso hicimos exactamente lo mismo pero al revés, recogimos el coche en esta oficina y lo devolvimos en el Aeropuerto Internacional de Miami.
Cuando estábamos dejando el coche en el parking de Hertz, el conductor de delante puso por error la marcha atrás y nos dio un leve golpe al nuestro. Ante la duda llamamos a un trabajador de la empresa para que revisara los coches pero, a ninguno de los dos les había pasado nada. Casualmente, un par de días después pedimos a una pareja que nos hiciera una foto en una de las terrazas del crucero y, para nuestra sorpresa resultaron ser el conductor y su mujer.
En la oficina de Hertz solo había una empleada de habla hispana así que, para facilitarnos las cosas esperamos a que ella nos atendiera. Una vez dejamos el coche y nos devolvieron el depósito de 200 $ de garantía a la tarjeta de crédito salimos a la calle a esperar el autobús. Estos pasan cada 5-10 minutos por lo que esperar, esperamos más bien poco.
Los autobuses son totalmente accesibles. En ese momento no había nadie más para el muelle así que viajamos completamente solos con el conductor que, amablemente nos ayudó a subir las maletas y la silla y al cual me olvidé de dar una propina. Casualmente, al regresar nos vino a recoger el mismo conductor que por segunda vez nos ayudó con el equipaje y que, esta vez si pude agradecérselo. De camino a la terminal de embarque casi nos quedamos congelados, el hombre llevaba el aire acondicionado altísimo. Por suerte el trayecto duró menos de diez minutos sino quedamos pajaritos…
Una vez en la terminal de embarque y nada más bajarnos del autobús un empleado de la compañía nos recogió las maletas y nos pidió el número del camarote para etiquetarlas. Eso sí, éste, que no hablaba nada de español, la palabra “propina” la pronunció correctísimamente al ver que nos marchábamos sin más. Recomendación, llevar billetes cambiados de 1$, ya que son los que se utilizan para dar las propinas. Los viajeros no meten su propio equipaje en el barco, es la propia compañía quien lo transporta y lo deposita a lo largo del día en la puerta del camarote. Así que, si se tiene algo importante y necesario hay que llevarlo como equipaje de mano, ya que el reparto se puede retrasar.
Pasamos un control donde tuvimos que enseñar los pasaportes, otro más donde nos comprobaron el equipaje de mano por un escáner y, finalmente los mostradores, donde nos dieron una tarjeta llamada Sea Pass con nuestros nombres, número de restaurante asignado y horario de cena (al reservar habíamos pedido el segundo turno a las 20:30 horas), así como la cubierta a la que teníamos que dirigirnos para el simulacro de evacuación o en caso de emergencia. Estas tarjetas serían nuestra llave del camarote y nuestro dinero en el barco, con ellas pagaríamos todo lo que gastásemos y nos lo cobrarían al final del crucero. Existe también la posibilidad de pagar en efectivo pero, sin duda este sistema es mucho más práctico.
Antes de entrar en el barco nos hicieron una foto de rigor por la que luego cobraban la friolera de 19.95 $ y que obviamente allí se quedó. Y por fin, después de varios controles, mostradores y fotos entramos en el Majestic of the Sea, el barco más antiguo y pequeño de la naviera Royal Caribbean, ideal para iniciarse en un crucero. Consta de 12 cubiertas y tiene capacidad para 2.354 pasajeros además de la tripulación.
Como hasta la una del mediodía no podíamos entrar en el camarote dimos una vuelta por las diferentes plantas, sobretodo por la siete, que frecuentamos muy a menudo porque tenía la terraza menos concurrida y contaba con una zona de fumadores. Ese día la comida se servía en el buffet Windjammer Marketplace de 11.30 a 15.00 horas y, como habíamos desayunado temprano aprovechamos el tiempo de espera para llenar el estómago.
Y hablando de comida, tengo que decir que el servicio de comidas del barco estuvo muy bien. El desayuno y la comida se hacían siempre en el buffet Windjammer Marketplace en la planta once, y la cena en uno de los dos restaurantes que había a bordo, el Moonlight y el Startlight, o como alternativa también en el buffet.
El horario del desayuno era de 7:00 a 10:30 horas, el de comidas desde mediodía hasta las 14:30 horas y la cena, si se hacía en el restaurante asignado a la hora marcada y, si se hacía en el buffet de 18:30 a 21:00 horas. El restaurante solo lo pisamos la primera noche pero, tras ver la carta decidimos ir a cenar al buffet. No es que la comida fuera mala ni mucho menos pero, demasiado especial para unos paladares poco agradecidos como los nuestros. En el buffet nos servíamos la comida que queríamos, había gran variedad de platos a elegir, incluida una zona de comida mejicana y otra asiática, así que perfecto.
Una aclaración, las bebidas tales como refrescos, vinos o zumos que se tomen durante la comida o cena hay que pagarlos. Si se quiere agua mineral embotellada también aunque, como alternativa existe una máquina con agua fresca donde poder servirse uno mismo de forma totalmente gratuita.
Si entre una comida y otra, fuera de los horarios habituales del buffet o el restaurante, a alguien le apeteciese tomar algo, en la cubierta doce existen varios restaurantes de comida rápida donde poder comer hamburguesas, perritos o pizzas de forma totalmente gratuita. A excepción de uno, el Johnny Rockets, donde había que pagar 4,95 $ para comer. Para los más golosos, en la piscina se encuentra una máquina de helados de cucurucho totalmente gratuita. Y para aquellos a los que les gusta tener siempre una bebida disponible, existen unos mostradores donde venden unas botellas tipo termo por las cuales se pagaba una cantidad y podías rellenarla las veces que quisieras. Eso sí, desconozco los precios.
Ese primer día durante la comida el buffet estaba un poco lleno porque todos los pasajeros a medida que entraban se dirigían a éste a comer, por lo que tuvimos que esperar un poco por una mesa pero, el resto de días no tuvimos problema en hacernos con una, ya que la gente estaba más repartida por otras zonas.
A partir de la una del mediodía podíamos entrar en el camarote así que, una vez comidos nos dirigimos a él. Éste se encontraba en la cubierta dos. La agencia de viajes nos había reservado un camarote accesible en silla de ruedas por lo que era bastante más amplio que el camarote normal. Algo de agradecer porque los camarotes, especialmente los interiores como el nuestro eran bastante pequeños.
El camarote constaba de una cama doble muy cómoda, un mueble-escritorio con una silla, sofá, un armario con caja fuerte en el interior y un televisor. Cuando entramos el aire acondicionado estaba altísimo, por lo que tuvimos que poner incluso un poco la calefacción. Por cierto, todas las salas, salones y espacios comunes del barco tenían el aire acondicionado muy alto, tanto, que hacía incluso frío. De hecho, hasta que salíamos a las cubiertas o terrazas íbamos siempre con chaqueta a todas partes.
El baño era totalmente accesible y contaba con un secador. En cuanto a la limpieza, estupenda. Los asistentes de camarote cada cierto tiempo entraban en la habitación para vaciar las papeleras, recoger o reponer algo.
En el camarote había teléfono, ya que durante el crucero hasta llegar a puerto no hay cobertura en el móvil pero, las llamadas eran carísimas. Tampoco había wifi, aunque si una zona con ordenadores para conectarse y cuyo minuto salía a 0,65 $. Pero bueno, de crucero por Bahamas, rodeados de aguas cristalinas e islas paradisíacas ¿Quién se acuerda de la familia?...
La maleta todavía no estaba en la puerta del camarote y ya nos habían avisado de que nos las llevarían a lo largo de la tarde por lo que, me dirigí a la zona donde las estaban distribuyendo dentro de la misma planta y las localicé. Al igual que yo, numerosas personas las buscaban entre el montón y cuando los empleados las bajaban de los carros se las llevaban. Esperé un rato y conseguí hacerme con el equipaje. Lo guardamos, recolocamos todo a nuestro gusto y de ahí nos fuimos a seguir conociendo las diferentes plantas del barco.
La mayoría de las plantas incluyen camarotes y zonas comunes, excepto, sino recuerdo mal, la 1, la 11 y la 12. En la 1 se encuentran las máquinas y los camarotes de la tripulación, en la 11 la piscina y el buffet, y en la doce la discoteca así como varios restaurantes de comida rápida.
El barco cuenta además con varias salas para música en directo, baile, karaoke u otros eventos. Asimismo cuenta con una pequeña zona comercial, un teatro, gimnasio, casino, así como numerosos bares. La verdad es que el día a día en un crucero es todo entretenimiento.
Por megafonía y en español nos avisaron que teníamos que hacer un simulacro de emergencia, para lo cual nos dirigimos a nuestra zona asignada en la tarjeta Sea Pass, donde nos colocaron por filas y nos mostraron la colocación del chaleco. A nosotros, al ser Suso discapacitado, nos pusieron con los niños. Bueno, en caso de evacuación saldríamos de los primeros…
A las 16:30 salimos a una de las cubiertas para ver zarpar el barco. Merece la pena verlo hasta abandonar la costa. Desde las alturas se ve una parte de Miami City y sus enormes edificios, Miami Beach y su playa, así como algunas bonitas y lujosas casas con embarcadero privado y numerosas embarcaciones.
Después nos dirigimos a una charla de bienvenida que dio la embajadora internacional en español, ideal para recibir una buena explicación de como es un crucero y como funciona, el servicio, las comidas, qué se va a hacer cada día así como posibles excursiones. En ella nos hablaron del Cruise Compass, un periódico que recibimos a diario en español en nuestro camarote, donde venían detalladamente todas las actividades y la programación del crucero, así como los horarios y partidas del barco en las diferentes islas.
Al día siguiente llegaríamos a Nassau, una de las islas bahamenses que visitaríamos y que por lo que había leído, además de lo que nos contaron en la charla, no tiene demasiado encanto así que, ansiosos de playa e islas paradisíacas preguntamos a la embajadora internacional por una excursión por la zona y nos dio estas tres opciones:
- Día de playa en Atlantis cuyo precio era de 79$ para los adultos y 52$ para los niños y una duración estimada de 4-5 horas. Consiste en ir a la playa privada del gran complejo resort Atlantis y pasar el día allí, usando incluso alguna de sus instalaciones. He leído que el hotel cuenta con un bonito acuario.
- Recreo en la playa de Blackbeard`s Cay (Cayo de Barba Negra) 34$ adultos y 19$ niños y una duración estimada de 3-3.30 horas. Incluye una tumbona por persona pero la comida y la bebida tienen un coste adicional.
- Recreo en la playa de Blue Lagoon. La que finalmente escogimos y cuyo precio fue de 68$ adultos, 48$ para los niños, y un duración estimada de 4 horas que realmente fueron más de seis, ya que iniciamos la excursión a las 10.00 y regresamos al barco a las 16:45 horas.
Nuestra elección fue Blue Lagoon, una pequeña isla tranquila, con muy pocos turistas, al menos en esta época del año, y bastante accesible con la silla de ruedas. La excursión incluía el transporte, las hamacas y sombrillas, un hinchable para el agua así como la comida tipo barbacoa y una bebida.
En Blue Lagoon existen dos excursiones muy demandadas, la primera es “Encuentro con delfines” donde, por 130$ por persona se puede entrar en un tanque con estos mamíferos y darles de comer o aprender sobre su anatomía. Los acompañantes u observadores pagan 40$. La otra excursión se llama “Nadar con los delfines” y es algo más cara. Por 199$ se puede interactuar con los delfines durante 30 minutos, dándoles de comer, tocándolos e incluso bailando con ellos. Los acompañantes pagan 40$. Además de las instalaciones con los delfines, en las inmediaciones de Blue Lagoon existe una zona acotada con leones marinos, que ofrece otra de las excursiones estrella llamada “Encuentro con el león marino”, cuyo coste es de 115$ por persona, observadores 40$, y donde se ofrece al turista la posibilidad de jugar con estos animales. Las tres excursiones tienen una duración aproximada de 4 horas.
Nosotros solo queríamos descansar y bañarnos en una playa de aguas turquesas y cristalinas así que cogimos la excursión sin más. Pero bueno, de esto y más os hablaré en la siguiente entrada… Para contratar la excursión nos dirigimos a la cubierta 4, donde esperamos a que nos atendiera una empleada colombiana.
Una vez contratadas las excursiones fuimos a buscar un par de toallas a la cubierta 11, donde se encuentra la piscina, con intención de llevarlas al día siguiente a la playa. Habíamos traído unas muy finas en el equipaje pero, no eran tan grandes como las del crucero y además no teníamos espacio para tenderlas así que, pasamos la tarjeta Sea Pass como garantía y nos llevamos las toallas. Éstas se pueden cambiar las veces que se quiera de 7:00 a 22:00 horas. Eso sí, si no se devuelven el cargo a la tarjeta es de 25 $.
Después de inspeccionar bien el barco volvimos al camarote a cambiarnos para cenar. Tengo que decir que el primer día durante un par de horas se notó un ligero balanceo pero, el resto del viaje no volvimos a tener en ningún momento esa sensación y en absoluto nos mareamos, aunque por si acaso habíamos llevado Biodramina.
Una vez adecentados nos fuimos al restaurante que nos habían asignado, el Moonlight, a la hora que habíamos pedido, las 20:30, ya que el primer turno era a las 18:00 horas pero, como ya comenté antes, al ver la carta desistimos y nos fuimos a cenar al buffet.
Tras la cena fuimos a la zona de la piscina, donde había mucho ambiente y buena música. Y después a la sala Boleros, donde actuaba un grupo dominicano llamado Dominican Quartet, que lo hacía realmente bien y de los cuales nos hicimos habituales todas las noches. Siempre es un placer escuchar música en directo.
Por cierto, algo que nos llamó mucho la atención de la sala boleros, la cual estaba completamente cerrada, era que en uno de los laterales de la sala se podía fumar y en el otro no. Y todo esto surgió porque vimos a un hombre fumando un puro y ambos pensamos ¡Pero que hace ese loco…! Jejeje. Ya veis, la ley antitabaco en España ha hecho estragos.
Hablando de tabaco, si os vais a embarcar en un crucero podéis aprovechar para comprar alcohol o tabaco, ya que están libres de impuestos. Por ejemplo, dos cartones de Marlboro nos costaron 52$. Y en cuanto a consumiciones, para que os hagáis una idea una coca cola en uno de los salones nos costó 2,59$.
Y tras disfrutar de la noche escuchando y bailando música latina nos fuimos a dormir. Al día siguiente a las diez de la mañana nos venían a recoger para ir a visitar nuestra primera isla paradisíaca…..
Gastos del día:
2 $ propina
2.99 $ supermercado
11,87$ gasolina
136$ excursión Blue Lagoon
2.59$ consumición crucero.
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