domingo 23 de octubre de 2011

Día 14 viaje a Suiza. Heidihouse y Livigno. Hotel Duc de Rohan.


21 de julio de 2011

Nada más levantarnos y desayunar pusimos rumbo a Livigno, que dista unos 210 kms de Zurich. Antes de partir llenamos el depósito de la moto con intención de no volver a hacerlo hasta llegar a Livigno, ya que allí la gasolina es más barata al estar exenta de IVA.


De camino hicimos una parada en Maienfeld, donde se encuentra Heidiland, un popular punto turístico que muestra la historia y vida de Heidi. Aquí se puede visitar la famosa casa de Heidi y los parajes alpinos que inspiraron a la escritora suiza Johanna Spyri para escribir el libro.


Heidi se escribió en 1880 y narra la vida de una niña que vive en los Alpes suizos, un libro lleno de inocencia donde resaltan los valores humanos y el amor hacia la naturaleza. Está considerado uno de los libros más leídos de la literatura suiza en el mundo y ha sido traducido a innumerables idiomas.


¿Quién no se acuerda de Heidi, Pedro, el abuelo, Clara, la Srta. Rottenmeier, Pitchí, Copito de Nieve o Niebla?. Para llegar a la casa de Heidi, una recreación de la cabaña del abuelo, hay que entrar en Maienfeld y seguir los carteles indicativos en dirección a Heidihouse. Cerca de la casa hay un parking donde se puede dejar el vehículo y desde el cual habrá que caminar unos cinco minutos por un sendero. Suso decidió quedarse en la moto para evitar la caminata.



La entrada a la casa – museo cuesta 7 CHF para los adultos y 3 CHF para los niños y ésta puede adquirirse en la tienda de souvenirs. En los alrededores de la casa se encuentra, además de la tienda de souvenirs, una red de senderos y una zona vallada donde habitan varias cabras que deben de estar muy acostumbradas a que les hagan fotos porque posaban como auténticas profesionales.


Esta red de senderos transporta al visitante por los paisajes alpinos por donde corría y jugaba Heidi. No llegué a recorrerlos, había mucha pendiente y no tenía mucho espíritu para hacerlo. Aún así me conformé con disfrutar de las vistas y las verdes laderas. El día no acompañaba demasiado pero, en un día soleado, aquellas montañas y los tapices de césped tienen que verse impresionantes.


La casa – museo recrea el modo de vida de Heidi y su abuelo, con los útiles y muebles de la época e incluso los muñecos, que son un pelín diferentes a los que conocemos en España. La verdad es que está muy bien ambientado, no le falta detalle.



La casa consta de tres plantas, en la planta baja está el almacén.


En la primera planta la cocina, dos habitaciones y un baño.





Y en la superior, la habitación de Heidi, la zona de trabajo del abuelo y el desván, donde entre otras se encuentra una recreación de la silla de ruedas de Clara.




La verdad es que por un momento un@ se transporta por completo al mundo de Heidi. A mi personalmente, que me encantaban los dibujos, me resultó muy agradable y evocador pasear por allí.


Tengo que decir que me llamó mucho la atención ver tantos japoneses por la zona y es que, por lo visto, los dibujos de Heidi en Japón han sido los de mayor difusión, fama y aceptación, siendo en la actualidad un destino muy visitado por sus ciudadanos.

Y tras dejar atrás Heidi y una parte de mi infancia pusimos rumbo nuevamente a Livigno. Al llegar a Davos, todavía en Suiza, decidimos coger el Túnel de Vereina, que se atraviesa subiendo el vehículo a un tren para evitar tener que cruzar el puerto del Flüelapass. Cruzar un puerto en moto siempre es divertido pero, decidimos subirnos al tren para vivir la experiencia de cruzar un túnel metidos dentro de un compartimento.


Nos quedaron ganas de ver como era el puerto del Flüelapass y el motivo por el cual se ha creado tal infraestructura. Al salir podíamos haber hecho el camino de vuelta por fuera pero, pensamos que teníamos varios días por delante subiendo y bajando puertos y lo dejamos.

El precio es de 18 CHF para las motos y de 29 CHF para los coches. Una vez llegamos tuvimos que esperar unos 15-20 minutos hasta que llegó el siguiente tren. Antes de entrar, un trabajador nos comentó que el tren que acababa de llegar no contaba con una zona habilitada para las motos, que podíamos entrar igualmente pero que, si esperábamos al siguiente, este si la tenía. No quisimos esperar más y luego nos dimos cuenta de porqué las motos necesitan una zona específica.


Bueno ¡Menuda experiencia! jejeje. Más que un tren son una serie de compartimentos huecos para el transporte de vehículos. Al no estar cerrado un@ está expuesto al aire y al ruido del interior del túnel, que mide 19,042 kms. Suso permaneció sentado en la moto y yo de pie. Decidimos no quitarnos los cascos para poder hablar por el intercomunicador. Y el tren se puso en marcha… En cuanto cogió velocidad debíamos de ir a unos 90-100 kms/hora, por lo que tuve que agarrarme a la moto para que el aire no me moviera para los lados. Y allí estuvimos, partiéndonos la caja, jugando y haciendo un poco el friki.


Y llegamos a Livigno, para entrar en este municipio italiano hay que atravesar un túnel de un solo sentido que está regulado por un semáforo y, cuya sirena y cambio de luz anuncian el paso. En caso de querer hacerlo en bicicleta o andando hay un servicio de furgonetas con diferentes horarios.


Una vez pasado el túnel se llega a una cabina de peaje, cuyo coste es de 13 CHF o 10 €, y que da acceso a una serie de corredores que desembocan en Livigno, que goza de estátus de zona franca por lo que no está sujeto a determinados impuestos como el IVA, lo que ha favorecido mucho el desarrollo del turismo que suele ir a comprar alcohol, tabaco, gasolina, objetos de electrónica, ropa y joyas a un menor precio.


Conocida también como el pequeño Tíbet, su territorio incluye la zona de Trepalle, que está situada a 2.250 m sobre el nivel del mar, lo que la hace ser la población permanentemente habitada más alta de Europa, además de una de las localidades italianas más frías.


Esta pintoresca población rodeada de un maravilloso paisaje alpino pasó de ser un asentamiento pequeño y aislado a convertirse en una de las estaciones preferidas por los amantes del esquí, además de un punto importante para el turismo de compras. En temporada estival, es ideal para practicar senderismo, trekking o descenso en bicicleta de montaña aprovechando los remontes de los esquiadores.

Nada más entrar encontramos la oficina de turismo y vimos la primera gasolinera, ya estábamos en reserva y llenamos el tanque. Por fin, después de varios días pagando la gasolina entre 1,72 - 1,74 CHF (aprox 1,40 €), pasamos a pagar el litro a 1,074 €. A lo largo del municipio hay unas cuantas gasolineras, todas muy próximas entre si y con exactamente el mismo precio.


Eran las 15.30 horas y todavía no habíamos comido. Buscamos algún restaurante por la zona pero ya estaban cerrados. Encontramos uno abierto pero solo nos podían ofrecer embutido así que, fuimos a una pequeña tienda llamada “Da Lorenz” e hicimos algo de compra para preparar unos bocadillos. Decidimos ir al hotel a comerlos porque estaba empezando a llover.

El hotel elegido para pasar dos noches en Livigno se llama Duc de Rohan, un nombre que parece sacado de la película del Señor de los Anillos… La reserva la hicimos a través de Booking por 80 € la noche con desayuno incluido. Los precios de los hoteles eran muy caros aunque, también es cierto que encontramos otros un poco más económicos pero, tenían muy mala pinta así que, nos decantamos por este que tenía un precio intermedio y sin duda mucho mejor aspecto.


Tengo que decir que la primera impresión no fue muy buena. La fachada es muy bonita, similar a todas las casas de Livigno: de madera, tejado a dos aguas y decorada con flores pero, cuando llegué a recepción el ambiente me resultó un tanto peculiar. Había una armadura, y en el mostrador una foto orientada hacia los huéspedes de un señor, que no se quien era, que daba un toque un tanto siniestro al lugar.


No había nadie y llamé al timbre. Me quedé expectante viendo quien venía a atenderme y es que… soy muy fantasiosa y ya me había hecho mi propia película. Me recibió una mujer que resultó ser muy amable y que me hizo olvidarme por compleo de mis fantasías. Ésta me acompañó a la habitación y me la enseñó.

La habitación estaba muy bien, era completamente de madera, tanto los suelos, las puertas, las ventanas así como los muebles. Desde la habitación podíamos acceder a la terraza, que era compartida con el resto de huéspedes aunque, solo tuvimos vecinos la primera noche, la segunda, por lo que nos dijo la mujer, éramos los únicos alojados. La estancia fue buena y nos trataron muy bien. La verdad es que me dio un poco de pena ver el hotel tan vacío.


En la habitación había una cama que, aunque un pelín dura para nuestro gusto resultó cómoda. Además, había un escritorio, un armario y una televisión.



El baño estaba muy bien, era amplio y tenía plato de ducha, toallero eléctrico para secar las toallas, secador y varios amenities.


La habitación contaba con wifi gratis, cuyo código de acceso hay que pedir en recepción y, también tenía parking gratruito en el exterior, frente a la entrada, o sino en el garaje, de uso más bien privado pero que usamos para dejar aparcada la moto a cubierto.


Eso sí, accesibilidad cero, para acceder desde el garaje o para llegar a las habitaciones hay que subir escaleras. En cuanto a su ubicación, no está en el corazón de Livigno, hay que caminar un poco para llegar hasta el centro pero, aquí todo el mundo va caminando o en bici a todas partes, ya que aparcar resulta un poco complicado y, especialmente porque, rodeados de un paisaje tan bello resulta incluso agradable hacer el trayecto dando un paseo. Buena parte de la zona comercial es peatonal pero existen varios parkings de pago.


El desayuno se sirve de 8:00 a 10:00 horas y, aunque sencillo, resultó bueno. Algo de bollería, zumos, bebidas calientes, fruta, embutido, yogures, panes, cereales, tostadas, mermelada, mantequilla y nutella.


Por la zona había muchos carteles reclamo para motoristas con descuento específicos. Supongo que será una zona muy frecuentada por nuestro gremio, debido a sus bonitas y sinuosas carreteras además de por su proximidad al Paso del Stelvio, que se encuentra a unos 50 kms de Livigno.


Una vez en el hotel comimos los bocatas y Suso durmió una pequeña siesta hasta que paró de llover. Después bajamos con la moto hasta la zona comercial. No teníamos previsto hacer muchas compras y, no por ganas, sino más bien por evitar gastar demasiado y, especialmente por falta de espacio.

En la zona comercial hay multitud de joyerías, tiendas de electrónica, perfumes, licores, tabaco, tiendas de ropa y calzado de marcas y firmas de las consideradas caras o muy caras. Finalmente nuestras compras fueron un cartón de Marlboro que costó 33 €, cuando aquí en España está a 42,50 € actualmente y, un objetivo Nikon 55-300 mm por 299 € así como unos prismáticos Nikon 10 aumentos waterproof por 76 € que, ya teníamos en mente comprar y que adquirimos en una tienda de fotografía y electrónica llamada Foto Gino.


En la tienda de electrónica nos comentaron que por aduana solo se pueden pasar compras inferiores a 300 € por persona, por lo que nos tuvieron que hacer dos tickets. También nos dijeron que, en caso de que superásemos este importe y nos parasen, dijésemos que llevábamos menos de dicha cantidad aunque fuera lo contrario, ya que sino tendríamos que pagar el IVA correspondiente. La verdad es que no nos pararon y, aunque lo hiciesen, entre ambos no superábamos 600 €.


A las 19.30 horas cerraron los comercios y volvimos al hotel a jugar con los prismáticos, la cámara de fotos y el objetivo nuevo. Comenzaba a hacer frío, esa noche el hotel encendió la calefacción y lo agradecimos. ¡Quien lo diría, a finales de julio y con la calefacción puesta!.

Al día siguiente íbamos a ir al Paso del Stelvio, un puerto mítico para los motoristas y una de las mejores carreteras del mundo…

Gastos del día:

Compra: 22,35 €

Gasolina: 18,66 CHF + 12 €

Varios: 25 €

Compras: 375 €

Peaje: 13 CHF


2 comentarios:

Maeva dijo...

oooohhh, me encanta Brujilda!! qué bonito, quiero ir al pueblo de Heidi ya jajaja. Que bonitas las fotos, los pueblitos, el hotel y la montaña, pero la mejor mejor, la cabra jajaja, mírala que arte jaja.

Mira que eres novelera jaja, con ir de pie en el tren ese jaja.

besos y q tengas buena semana!

BRUJILDA: dijo...

¡Te ha gustado la casa de Heidi eh Maeva! jajaja. Personalmente me trajo muy buenos recuerdos de mi infancia ¡Si hasta tuve una camiseta de Heidi....!.
Fue una pena que el día no estuviera soleado aunque, también me hubiera encantado ver todo el entorno nevado.
¿Y la cabra?. Una auténtica profesional, la muy jodía además no me quitaba ojo de encima.
En cuanto a lo del tren, si no hago el tonto un poco todos los días reviento.
Besos para ti también y que tengas una gran semana.