domingo, 28 de agosto de 2011

Día 5 viaje a Suiza. Gruyeres, Castillo de Chillón y Lago Leman. Hotel Résidence Castel Club Leysin.

12 de julio de 2011.

Como buena madrugadora que soy, esa mañana volví a levantarme temprano. El día anterior no nos había dado tiempo de hacer compra así que, fui dando un paseo hasta el supermercado de Les Houches a buscar lo necesario para el desayuno. De camino crucé un puente sobre el río Arve y me llamó la atención el curioso color blanquecino de este.

 
Al volver desperté a Suso, desayunamos, preparamos el equipaje, y a eso de las 11.30 horas salimos del hotel en dirección a Leysin, en Suiza, el lugar donde se encontraba nuestro próximo alojamiento. Teníamos intención de ir a visitar el criadero de perros San Bernardo del que os hablé en el post anterior pero, en esta época del año solo abría por las mañanas de 10.00 a 11.30 horas por lo que no nos daba tiempo a llegar.

Desde Les Houches en Francia, a Leysin en Suiza, teníamos por delante apenas 100 kms. Nada más cruzar la frontera que separa ambos países paramos en una gasolinera a comprar la “vignette”, una pegatina necesaria para circular por las autopistas suizas. Esta puede comprarse además de en gasolineras, en las fronteras o en las oficinas de correos. Es válida por un año y su coste es de 40 CHF (unos 38 €). La verdad es que es un sistema muy práctico ya que, además de cómoda evita tener que cruzar peajes.


La vignette ha de colocarse en una zona visible del vehículo, en los turismos suele pegarse bajo el espejo retrovisor interior y en las motos en la cúpula. Al llegar a la frontera, la policía controla si los vehículos llevan o no la pegatina, en caso contrario obligan a estos a pasar por caja para hacerse con una. Lo que no se es si a mayores sancionan.


Al comprar la vignette se nos planteó un dilema, pagar en euros o en francos suizos, ya que existen las dos opciones. Teníamos pensado pagar todo con tarjeta de débito o crédito así que, aunque esta primera compra la pagamos en euros, el resto lo hicimos en francos suizos. No se si sale mejor o peor pero ¿Estábamos en Suiza no? pues a pagar en la moneda oficial. Eso sí, a la hora de llevar el control en las cuentas es un poco más complicado saber el importe de cada cosa.

Hay que tener en cuenta que si se paga en efectivo en euros se sale perdiendo, ya que el cambio te lo devuelven en francos suizos. Nosotros no llevábamos francos suizos en metálico pero, ese mismo día sacamos una pequeña cantidad de un cajero para tener efectivo a la hora de comprar cosas de bajo precio.


Y tras hacernos con nuestra vignette aprovechamos para echar gasolina. Ésta estaba a 1,45 €/litro, más barata que en Francia. En el exterior suelen tener los precios en euros y en francos suizos y, la gran mayoría de gasolineras por no decir todas son de autoservicio.

De camino a Martigny encontramos numerosos puestos de venta de albaricoques, “abricots des valais” anunciaban los carteles. Fue una pena no haber tenido espacio para llevar unos pocos porque tenían una pinta estupenda además, tampoco se muy bien en que estado llegarían con tanta curva… El día anterior bajando del Col du Grand Sant Bernard ya habíamos pasado por esta zona pero, no nos había hecho falta la vignette porque no habíamos atravesado ninguna autopista.

Al llegar a Martigny dejamos atrás las curvas y entramos en autopista. Los carteles que señalan las autopistas son de color verde. Circulamos por ella hasta llegar a Aigle, donde nos desviamos hacia Leysin, allí se encontraba el Hotel Résidence Castel Club Leysin Park, el alojamiento escogido para pasar una noche. La intención inicial era alojarnos en Montreux o en Lausanne pero, estaba todo muy caro así que nos decidimos por este.

Desde Leysin a Montreux hay unos 38 kms. No nos importaba mucho la distancia, sino encontrar un lugar agradable para dormir y donde poder recorrer carreteras con encanto. Y lo encontramos, el acceso hasta Leysin consiste en una subida repleta de curvas y rodeada de verdes praderas con casas de madera de lo más adorables.

 
La hora de entrada al hotel era de 15.00 a 18.30 horas y habíamos llegado a las 13.45 horas. La recepción estaba cerrada pero a las 14.00 horas abrían. Pensamos que como buenos suizos quizás fuesen un tanto estrictos con el horario pero, no nos pusieron ningún problema para entrar. La recepcionista no hablaba nada de español así que tuvimos que entendernos en inglés.

La habitación era realmente un estudio muy amplio. Este contaba con una habitación y la cocina en un mismo espacio, un baño y una terraza. En la habitación había dos camas individuales, cómodas pero, con una peculiaridad y es que no tenía sábanas, es decir, las camas no estaban hechas de una forma normal, la bajera era la funda protectora del colchón y el edredón estaba doblado a la mitad, por lo que una parte hacía de bajera y con la otra te tapabas. Eso sí, el edredón era algo corto por lo que, o te acurrucabas, o se te salían los pies por fuera. No hacía frío así que en ciertos momentos hasta se agradecía. Fue gracioso porque ambos pensamos que la cama no estaba hecha y lo comentamos en recepción. La recepcionista dijo que subiría a verlo pero, no hicieron nada porque estaba bien. No me gustó mucho el sistema pero, no fue el único hotel en el que lo encontramos por lo que debe ser algo más o menos habitual en Suiza.




En la habitación había un armario, una cómoda sobre la que estaba la televisión y, contaba con calefacción. Como curiosidad nos llamaron la atención las lámparas de las mesas de noche, estas se encendían solo con pasar la mano por ellas.


La cocina estaba totalmente equipada con fogones que, sino recuerdo mal eran eléctricos, horno, microondas, nevera, lavavajillas, cafetera y tostadora, además de una mesa con un par de sillas. Menaje de cocina completo e incluso jabón para lavar la loza, estropajo y bayeta, algo que por regla general no suelen incluir. 

 
El baño tenía bañera, eso sí, un pelín alta, había que escalar por ella para entrar. En el baño también había un secador.

 
En la terraza había una mesa y varias sillas. Las vistas no eran gran cosa pero, se respiraba tranquilidad. Allí fue donde comimos durante nuestra estancia.

 
Las instalaciones en general son muy buenas, el hotel cuenta con dos edificios unidos por un patio y, anexo a estos se encuentra el parking que, aunque no está literalmente cerrado por una puerta está bajo cubierto y es privado además de gratuito.

 
Reservamos el estudio a través de Booking y el precio fue de 95 CHF (79,47 € según el cambio del momento). A mayores tuvimos que pagar 5% de impuestos municipales (6,20 CHF). Aunque en Booking decía que teníamos que dejar un depósito de 350 CHF a nuestra llegada, finalmente no nos lo pidieron. Por cierto, a la hora de reservar estudios o apartamentos hay que tener en cuenta que en muchos, además del depósito, hay que pagar a mayores entre 35 € y 50 € por la limpieza de este. No fue el caso del Résidence Castel Club Leysin pero, los buenos precios que encontramos en algunos otros alojamientos no tenían incluido dicho coste, por lo que al final, para una noche, el total no compensaba.

Lo que menos nos gustó del hotel fue que el coste de internet era de 5 CHF por una hora y 10 CHF por 24 horas, por lo que decidimos desconectarnos del mundo por un día y, que la hora de salida del hotel es de 10.00 a 10.30 horas, lo que obligaba a madrugar si o si.

La verdad es que el hotel está muy bien y el estudio nos encantó, fue uno de los mejores alojamientos del viaje sin duda. La estancia aunque corta fue muy agradable. Además se encuentra en un lugar tranquilo, ubicado en un entorno maravilloso.

Era mediodía, dejamos el equipaje en la habitación y preparamos unos bocatas que comimos mientras planificábamos las visitas de la tarde. En primer lugar decidimos ir a Gruyéres pero, no desde Montreux, sino en dirección Cháteau d´Oer, ya que así evitábamos la autopista. Hicimos bien porque la carretera resultó muy divertida.

Gruyéres es un pequeño pueblo medieval que, a parte de por su encanto, es conocido por su típico queso de gruyére. Es el lugar ideal para probar y comprar este famoso queso o incluso degustarlo en una fondué. 


El acceso rodado está restringido, por lo que hay que aparcar el vehículo en uno de los tres grandes parkings gratuitos que hay a la entrada del pueblo. Gruyéres consiste básicamente en una pequeña calle principal con viviendas, restaurantes, cafeterías y tiendas de souvenirs que termina en el castillo.


Aunque el pueblo es pequeño había que caminar. Además el suelo es bastante irregular, por lo que Suso decidió quedarse en la moto a la sombra mientras yo me disponía a dar una vuelta. Nada más entrar en Gruyéres encontré un cajero donde saqué algunos francos suizos para tener cambio.

Al final de la calle principal y antes del Castillo de Gruyéres se encuentra el Museo HR Giger, diseñado por el artista suizo que creó la criatura de Alien y que ganó el Óscar en 1980 a los mejores efectos especiales por la película. El museo contiene una colección de trabajos de HR Giger, desde pinturas, esculturas, muebles o películas. Suso tenía ganas de entrar pero, pudo más el esfuerzo que tenía que hacer caminando que las ganas de verlo.



Enfrente del museo se encuentra el Giger Bar Chair, un café donde tanto la barra, las paredes y los techos, las mesas y sillas o el suelo tienen la estética Alien. La verdad es que es muy original. Estuve tentada a sentarme en una de aquellas extrañas sillas repletas de huesos…


Después me acerqué hasta el Castillo de Gruyéres pero, no se si por el calor, que me tenía atontada, o porque había leído en algunos foros que la visita no merecía mucho la pena, no entré a verlo. El castillo abre todos los días del año de 10.00 a 16.30 horas de noviembre a marzo y de 9.00 a 18.00 horas de abril a octubre. La tarifa es de 9,50 CHF.

Teniendo en cuenta que Gruyéres es muy pequeño y se visita bastante rápido, aquí os dejo dos opciones a tener en cuenta. Primero la Maison du Gruyére, una fábrica de queso gruyére donde se puede ver el proceso de elaboración y por supuesto degustarlo.

La otra opción es visitar la fábrica de chocolate Cailler, en Broc, a unos 5 kms de Gruyéres, considerado el fabricante de chocolate más antiguo de Suiza y una de las mejores marcas de chocolate.

Volví con Suso y pusimos rumbo a Montreux. El cielo estaba muy nublado, como de tormenta, no era normal tanto bochorno. Entramos en la autopista y comenzó a llover, con tan mala suerte que no había ni un lugar para parar o resguardarse. La autopista estaba en obras por lo que no había arcenes accesibles. Llevábamos unos pantalones de algodón de moto pero sin goretex y, aunque bajo el asiento teníamos guardados los pantalones de agua no teníamos donde parar a ponérnoslos. Finalmente encontramos un puente en construcción, vimos a dos motoristas parados y decidimos hacer lo mismo.

Esperamos un rato y dejó de llover pero, fue volver a ponernos en marcha y comenzar la lluvia. Por suerte no duró mucho, en cuanto volvió a parar pusimos la moto en modo “secadora”, 30 kms a 120 kms/h y la ropa quedó prácticamente seca.

De camino vimos el Lago Leman, el más grande de los Alpes y, aunque casi toda la orilla sur está en territorio francés, la mayor parte del lago pertenece a Suiza. A pie del lago se encuentra Montreux, considerada la riviera suiza. No llegamos a entrar en el centro de la ciudad, la intención era ver el Castillo de Chillón. Antes de llegar al castillo encontramos un centro comercial llamado Riviera donde aprovechamos para hacer compra y echar gasolina. 


Freddie Mercury dio fama mundial a Montreaux allá por el año 1978 cuando fue junto a la banda Queen a grabar uno de sus discos en la Mountain Studios, que se encontraba a orillas del Lago Leman. Este sería el lugar elegido para componer buena parte de sus canciones y, aquí murió en el año 1991. En su honor se colocó un monumento conmemorativo en la ciudad.

No nos acercamos a ver el monumento a Freddie Mercury pero si el Castillo de Chillon, considerado el más famoso de todos los castillos suizos así como uno de los castillos medievales mejor conservados de Europa. Fue construido en el siglo XIII a orillas del lago. Por un lado da la sensación de ser una gran fortaleza pero, por otro, tiene aspecto de residencia principesca. El horario de visita es de 9.00 a 18.00 horas y el precio es de 12 CHF. Aquel día llegamos tarde y ya estaba cerrado. Una pena porque dicen que la visita es muy recomendable.




Aún así di una vuelta por los alrededores mientras Suso se quedaba en la moto. Aparcar un coche en el exterior del castillo puede resultar un poco complicado. Aquel día en concreto estaba todo bastante lleno aparte de que, tampoco había demasiadas plazas de aparcamiento. Próximo al castillo hay una pequeña playa desde donde hay unas buenas vistas de este. El agua con semejante calor era todo un reclamo. 




Y aquí dimos por concluido el día regresando al hotel. A la mañana siguiente partíamos hacia Lucerna.

Gastos del día.

Comida: 20.15 CHF + 8.40 €.
Gasolina: 17.10 CHF + 54.49 € (gasolina + vignette).
Hotel: 95 CHF + 6.20 CHF (impuestos municipales)

4 comentarios:

Miranfú dijo...

¡Qué recuerdos de mi reciente viaje a Suiza!

Yo también estuve tanto en Gruyéres como en Montreux y sí que entré a los dos castillos. Me gustó más el de Montreux, más que nada por las vistas porque al fin y al cabo, casi todos los castillos se parecen bastante en el interior.

Un besote!

BRUJILDA: dijo...

Es verdad Miranfú, lo tienes muy reciente.
Me quedó pena de no entrar en ninguno de los dos castillos, especialmente en el de Chillón.¡Con lo que me gustan a mi los castillos!. Pero bueno, en uno estaba media atontonada por el calor y, en otro llegué tarde. ¡Que le vamos a hacer!.
Un besito.

Maeva dijo...

Jeje, ya decía yo que me sonaban muchas cosas, que Miranfú las contó en su blog.

Me encantan las fotos del lago y el castillo, que bonitas, y no sabía eso de Freddy Mercury, que había muerto allí.


Curioso lo del cartelito ese obligatorio y ver ese decorado de Alien en un pueblito tan rústico.

Un beso Brujilda, como siempre, una buena crónica!

BRUJILDA: dijo...

Yo también leí las crónicas de Miranfú deseando que llegara el día de ir...
A la hora a la que fuimos al lago había una luz preciosa, si hubiéramos esperado un poquito más habría anochecido pero, estábamos muuuuy cansados.
Es cierto, el museo Alien parece que desentona un poco en un pueblo medieval pero... ahora lo opuesto atrae. Mira la película cowboys vs Alien jejeje.
Gracias Maeva, otro para ti también.