miércoles, 22 de diciembre de 2010

Día 7 viaje a Italia: Museo Ducati

Jueves 4 de noviembre

Esa mañana íbamos de visita al Museo Ducati. Habíamos hecho la reserva con varias semanas de antelación en el teléfono +39 0516413343 (llamar de 10.00 a 11.00 horas y de 14.00 a 16.00 horas) aunque, también se puede hacer a través de la web de Ducati, algo que hice previamente rellenando un formulario de reserva pero, tras varios días sin recibir contestación decidí llamar por teléfono.

Se puede hacer un tour guiado a la fábrica y al museo pero, justo para las fechas en las que íbamos la fábrica estaba cerrada. En la página web vienen todos los días de cierre aunque, en esta ocasión, habían añadido alguno mas fuera de lo establecido, con tal mala suerte que cuadró en nuestras fechas.

La fábrica y museo se encuentran en el mismo edificio, en la Vía Antonio Cavalieri Ducati 3. Desde nuestro hotel a las instalaciones hay una distancia de unos 15 km. El idioma de la visita es el inglés o el italiano y, el precio 10 € por persona, los discapacitados no pagan y, el acompañante de este tampoco.

Así que con nuestra reserva hecha nos presentamos en la verja de entrada al recinto quince minutos antes de que empezara la visita, como nos habían indicado. La chica que nos atendió en la entrada nos pidió nuestros nombres y, cuando vio la moto y que teníamos hecha una reserva como “disabili” (discapacitado), no entendía nada. Le expliqué que lo que llevábamos sobre el baúl de la moto era una silla de ruedas y, que aunque le pareciera raro, Suso era discapacitado. La chica, sorprendida dijo “Egli é grande” (El es grande) y añadió que nunca había visto nada igual. Nos hizo mucha gracia…

Le pedimos que nos dejara aparcar la moto dentro de las instalaciones y, no hubo problema. No pudimos por menos que hacer una foto, resultaba curioso ver una Honda aparcada entre tanta Ducati.



Mientras esperábamos a que nos vinieran a buscar vimos salir una moto circulando de la fábrica. Suso me comentó que era la Ducati Diavel, un prototipo que todavía no se había presentado en la Feria de Milán y, de la que hasta el momento solo había fotos espía. ¡Toda una exclusiva!. A continuación vino otra chica a buscarnos y, en un clarísimo español, dijo que sería nuestra guía, que la visita sería en español y, que iríamos solos con ella ¡Vamos, mejor imposible!.

Para acceder al museo tuvimos que entrar por la fábrica y coger un ascensor pero, para pesar de Suso, pasamos muy de refilón, ya que enseguida nos metimos en el ascensor que nos llevó hasta las oficinas y, de ahí a la entrada al museo.

La guía nos comentó que Ducati no siempre se había dedicado al mundo del motor y a la motos. Sus orígenes fueron muy distintos, ya que comenzaron construyendo radios y calculadoras.


La primera “moto” que construyeron fue esta, la Cucciolo (cachorro) ¡Como han evolucionado desde entonces!


Después fuimos haciendo una visita cronológica desde las primeras motos de competición hasta las más recientes….











Entre ellas, la moto ganadora del mundial de Moto GP 2007 con Casey Stoner. Como curiosidad, decir que el color de las motos en directo, especialmente las más recientes, son mas naranja que rojo. La guía nos comentó que se pintaban a propósito de este color porque, debido a la televisión de alta definición, el color se oscurecía.



Y entre otras, vimos motos tan curiosas como estas...

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O elementos tan rudimentarios como esta pelota de tenis que se utilizaba para que el piloto pudiera mojar el dedo en la esponja empapada de agua y limpiar la visera del casco.


O este mono de cuero con cremallera en el “paquete”, para no perder tiempo si al piloto le entraban ganas de orinar.
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Y motos, motos y mas motos, de todas las formas, potencias y colores….
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El Museo no es muy grande, la visita y, a pesar de las generosas explicaciones de la guía, la hicimos en aproximadamente media hora.
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Después, nos dejó unos veinticinco minutos libres para que hiciéramos fotos.
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La verdad es que, a quien le gusten las motos y especialmente las Ducatis, este lugar puede resultar maravilloso. Además el año que viene Valentino Rossi ha fichado por Ducati, por lo que piloto y marca quedarán en casa.

Y terminó la visita. Una vez en el exterior nos acercamos hasta el Outlet de Ducati, que se encuentra a unos quinientos metros de la fábrica. La verdad es que tenían muy buenos precios, así como muchas prendas con descuentos del 50%. Al final salimos de allí con varias sudaderas para Suso. El problema iba a ser meterlo en las maletas, bueno, algo se nos ocurriría.

Y volvimos a la fábrica, los trabajadores estaban en su hora de descanso. Entramos en las instalaciones y, mientras nos preparábamos para marchar, fuimos la comidilla de los empleados durante un buen rato. Llegamos con la silla, la desmontamos, la guardamos, nos equipamos y nos marchamos. Os aseguro que hubo momentos en que me llegué a sentir intimidada con tanta atención pero bueno, entiendo que es raro lo que hacemos y que nos miren por ello.

Y de ahí volvimos al hotel a dejar las compras. Era mediodía y decidimos ir al centro de la ciudad. Era nuestro último día Bolonia y, queríamos conocerla. Pero, como no quiero hacer el post muy largo, dejaré esta crónica para la próxima entrada.
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Pero antes de despedirme quería felicitaros a tod@s las fiestas. Chic@s.... ¡Feliz Navidad!.



domingo, 12 de diciembre de 2010

Dia 6 viaje a Italia: Galería Ferrari

Miércoles 3 de noviembre

Tras un gran desayuno preparamos el equipaje. Íbamos a Maranello, donde se encuentra la Galería Ferrari. Toda la ciudad gira en torno a Ferrari, allí se encuentra la fábrica, un gran número de empresas auxiliares, la galería, la pista de pruebas de Fiorano. Es una ciudad que vive por y para Ferrari.

El día estaba algo lluvioso así que nos pusimos la ropa de goretex, colocamos la silla de ruedas sobre el baúl trasero de la moto y, las maletas laterales. Una vez allí guardaríamos toda la ropa en ellas y así podríamos hacer la visita más cómodamente.

Maranello se encuentra a 50 km de Bolonia, los cuales hicimos por autopista (2 € la ida y otros 2 € la vuelta). Y la Galería Ferrari está en la Via Dino Ferrari 43. Cuando estuve preparando el viaje llamé por teléfono al +39 0536949713 para reservar la visita para este día concreto pero, me dijeron que no hacía falta, que podíamos presentarnos allí cualquier día sin problema.


La Galería abre del 1 de octubre al 30 de abril de 9.30 a 18.00 horas y, del 1 de mayo al 30 de septiembre de 9.30 a 19.00 horas. Solo cierra el 25 de diciembre y el 1 de enero. El precio de la entrada es de 13 €, los discapacitados entran gratis y, los acompañantes de estos pagan 9 €. Para más información aquí os dejo la web de Ferrari.

Una vez llegamos a la Galería, llegó también un autobús de japoneses que, mientras esperaban para entrar, vieron asombrados como nos transformábamos: bajándonos de la moto, quitándonos la cazadora y el pantalón de goretex y guardándolos en las maletas, los cascos en el baúl, desmontando el bulto de la silla, montándola, subiéndose Suso a ella y, entrando en el museo. Todo un espectáculo…


Antes de entrar, una de las chicas que andaba por el parking de la Galería Ferrari nos comentó que en la tienda Warm – Up que está al lado de ésta, ofrecían alquiler de Ferraris por tiempo determinado. Decidimos dejarlo ahí... Y entramos en el Museo. No es muy grande pero, a pesar de ello permanecimos dentro un buen rato.

En la planta baja se encuentran los clásicos, los primeros Ferraris. ¡Hay que ver lo que han evolucionado! Y no solo por la estética o la potencia, sino por los detalles, como por ejemplo los materiales o la seguridad.




Después llegamos a la zona donde se encontraban los motores y donde se puede ver su evolución tanto en potencia como en tamaño. De los grandes bloques de los primeros coches, a los reducidos y potentes de la actualidad.




Continuando el circuito se encuentran los primeros coches con la estética actual de F1, muy similares a los actuales pero, con unos cuantos años encima. La verdad es que nunca los había visto tan cerca, realmente impresionan. En esta zona también se encuentra una especie de box, una cabina y, varias vitrinas donde se expone el equipamiento de los pilotos, desde cascos, monos, botas y guantes.




Después subimos a la planta de arriba. Existe una plataforma para poder acceder en silla de ruedas. Aquí nos encontramos con este coche que, a ambos nos pareció una auténtica maravilla.


Y de ahí pasamos a una gran sala donde se puede ver esta magnífica exposición cronológica de los Ferrari de F1 más actuales ¡Fascinante!. En esta misma sala también se encuentan los trofeos conseguidos por Ferrari, así como un simulador del sonido en determinadas situaciones de los coches de competición.




Y subimos otro tramo de escaleras hasta llegar a la planta más alta. Antes de desviar nuestra atención a los increíbles coches que había allí arriba, nos encontramos con estos tres clásicos de calle.


Y después, nos recreamos la vista mirando estos cuatro coches que, bien merecieron todas las fotos que les hicimos.






En la última sala de esta planta se encuentra este otro Ferrari ¡Realmente bonito!, así como varias vitrinas con la gama de colores de las tapicerías y pinturas de la marca y, la evolución de los volantes de competición.






Totalmente Ferrarizados dimos por concluida la visita. Dimos una vuelta por la pequeña tienda de regalos que hay en el interior de la Galería pero, decidimos ir a la tienda Ferrari Store, que se encuentra a unos 500 metros de la galería, justo al lado de la entrada a la fábrica Ferrari, ya que tiene mucha mas variedad. Finalmente acabamos comprando un par de cosas. Estas dos para mi sobrina.


Y una vez en la calle, le di un codazo a Suso, el cual interpretó rápidamente y, fuimos a buscar a la chica que nos había hecho la propuesta de alquilar el Ferrari esa mañana. Los coches que tenían en alquiler eran estos seis:

- Ferrari F430 F1 Coupé
- Ferrari F430 F1 Spider
- Ferrari California
- Ferrari Scudería
- Ferrari F458 Italia
- Lamborghini LP 560

Los precios oscilaban entre los 60€ - 100€ en función del modelo. El tiempo 10 minutos. Todos los modelos excepto el California eran de dos plazas, una para el conductor y otra para el copiloto de la empresa. El Ferrari California permitía un acompañante, por el que se pagaba a mayores 20€ pero, a Suso no le gustaba el modelo y, como a mi no me importaba no subirme, de echo, prefería no hacerlo porque probablemente acabaría chillando, Suso escogió el F430 F1 Coupé.

Los requisitos para poder conducirlo eran tener 21 años y carné de conducir. A mayores hay que firmar un documento con una serie de cláusulas que realmente no leímos mucho pero, que fue mejor no hacerlo porque, lo que había que pagar en caso de accidente u otros incidentes nos hubiera metido miedo. El F430 F1 Coupé costaba 60 € pero, tras regatear con la chica nos lo dejó en 50 €.

Nos vinieron a recoger a la tienda y nos llevaron a unos 500 metros de ésta, donde se encontraban aparcados varios Ferraris, entre ellos el elegido. Suso estaba muy ilusionado. Antes de salir recibió un par de instrucciones del copiloto, encendió el coche y... ¡Alucinamos con el sonido!


Tras un par de minutos de teoría arrancaron. Yo me quedé esperando y, a los diez minutos regresaron. ¡Que cara traía Suso!. Estaba contento, pletórico, feliz. Nada mas bajarse sus palabras fueron “Ha sido la experiencia no sexual más increíble que he vivido” y, “Bueno, después de esto podemos volver ya a casa”. ¡Hombresssss! Jejeje.
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El recorrido con el coche trascurre primero por un tramo de carretera nacional donde no se puede correr demasiado y, después por otra en la que se puede pisar más. Yo solo se que a mis oídos llegaron las palabras “Hubo un momento en que íbamos a 180 km y, después ya no lo se, pero entre los 220 - 240 km” ¡Dios, menos mal que no fui!

Por lo visto el copiloto animó a Suso a correr más y, entretanto, le comentó que en alguna ocasión había tenido que hacer con alguien todo lo contrario, es decir, ponerle freno. Sin duda para Suso había sido una gran experiencia. En esos momentos le hubiera venido bien el babero de mi sobrina.


Tras las emociones vividas nos fuimos para Bolonia, eran las 16.30 horas y todavía no habíamos comido. Yo había visto un Burguer King en la Vía Stalingrado, próxima al hotel y, para allá nos fuimos. No se si es que teníamos mucha hambre o que realmente la hamburguesa y las patatas estaban buenas pero, la comida nos supo a gloria.

Y tanta emoción nos había agotado así que nos fuimos al hotel. El resto del día lo pasamos descansando, viendo fotos, fardando en internet con los amigos… Al día siguiente cambiaríamos los coches por las motos, íbamos de visita al Museo Ducati…


sábado, 11 de diciembre de 2010

Dia 5 viaje a Italia: Bolonia y Sav Hotel

Martes 2 de noviembre

Como el resto de días nos levantamos temprano y es que, antes de partir hacia Bolonia había que dejar el coche en Hertz. Yo llevé el coche y Suso fue con la moto, así a la vuelta no tendría que venir andando y ganaríamos tiempo. Me hizo gracia verme con la ropa de la moto en el Chevrolet, aparte, de lo incómodo que resulta conducir un coche tan pequeño con coderas y rodilleras…

Y volvimos al hotel, colocamos el equipaje y partimos. El día estaba nublado pero no llovía ¡Menos mal!. Teníamos por delante 505 km hasta Bolonia. Al poco de entrar en la autopista ¡A pagar!. Estábamos en Francia, aquí cada pocos kilómetros hay un peaje.

Cuando llevábamos unos 100 km comenzó a llover ¡Bueno! Nada nuevo. No llovía demasiado, lo justo para fastidiar un poco. De coña, le dije a Suso que ya podía haber un túnel muuuuy largo para evitar la lluvia y…dicho y echo, no exactamente un túnel así de largo pero, si muchos y muy seguidos. Durante bastantes kilómetros fuimos por un autopista cuya serie era, tramo de carretera, atravesar un túnel, cruzar un puente, y así sucesivamente. ¡Lo que debió de costar hacer esta autopista…! Como curiosidad, decir que los paisajes nos recordaron mucho a Galicia, supongo que la lluvia también influyó.

Creo que no lo había dicho hasta ahora pero, tanto en Francia como en Italia el límite de velocidad es distinto a España. En ambos países el máximo permitido es de 130 km y, en caso de lluvia o mal tiempo 110 km.

Por suerte, en Italia no había tantos peajes como en Francia, de echo, solías entrar en una autopista y no pagabas hasta llegar al destino. El tramo que hicimos por Francia, unos 60 km aproximadamente, nos costó unos 4 €, el resto hasta Bolonia 33.50 €.

Era mediodía y empezó a llover bastante, por lo que aprovechamos para comer. Buscamos un área de servicio con un restaurante de la cadena Autogrill y paramos. Nunca habíamos comido en este restaurante y, teníamos ganas de carne. ¡Menuda decepción!. El menú del día costaba 12.90€ por persona (primer plato de pasta, segundo de carne o pescado, pan y bebida) pero, como las que atendían no tenían muchas ganas de trabajar ni de explicarse, a pesar de haberlo preguntado concretamente, cogí platos que no entraban dentro del menú así que, cuando llegué a caja me acabaron clavando 31,80€. La comida además de mala estaba fría, las patatas fritas asquerosas y, encima cogí un botellín de agua con gas ¡Vamos, un desastre! Que si podemos evitarlo, no volvemos a pisar un Autogrill en nuestra vida. Encima, al señor que estaba en la mesa de al lado le robaron allí mismo la cartera, por lo que estuvimos vigilando nuestras pertenencias en todo momento (esto me recuerda a la megafonía de los aeropuertos....) además, en los baños había un señor con un platito para que después de usarlo le dejaras la propina…(mas adelante descubriríamos que era lo habitual en los baños públicos de Italia)
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Y volvimos a la carretera, de camino se nos estropeó uno de los intercomunicadores. Lo debimos de colocar mal y le entró agua por lo que, yo no podía hablar, solo escuchar y, Suso al revés. La verdad es que lo pasé muy bien porque Suso iba hablando y contándome cosas, por lo que parecía que iba escuchando la radio. Además, basta que no puedas hablar para que todo te haga más gracia. Yo solo le daba un toquecito para el “Si” y dos para el “No”. Esto también trajo cola…Por suerte, lo del intercomunicador quedó en nada, una vez en el hotel lo secamos y volvió a funcionar.

A medida que nos acercábamos a Bolonia el tiempo fue mejorando. Dejó de llover e incluso podía verse algún claro. Las carreteras pasaron de ser sinuosas a rectas inmensas y, el asfalto drenante resultó ser maravilloso.
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Sobre las cuatro de la tarde llegamos a Bolonia y nos fuimos directos al hotel. Entramos en la ciudad por la Vía de Stalingrado, una zona frecuentada por “chicas” a todas horas que como primera impresión no fue muy buena.

El hotel en el que nos alojamos durante tres días fue el Sav Hotel, que se encuentra en la Vía F. Parri 9, algo alejado del centro, calculo que a unos 2-3 km de éste. Aunque para nosotros las distancias, al ir con la moto, no eran un problema. La primera impresión del hotel como edificio fue muy buena pero, la ubicación no tanto.


Nos parecía una zona un tanto deshabitada, estaba rodeada por un área residencial donde apenas se veía gente y, de una construcción que parecía una fábrica pero que resultó ser el parking de un centro comercial. La verdad es que solo fue la primera impresión porque, después de comprobar como era la ciudad, de pasar por allí muchas veces y no ver nada raro, de comprobar en primera persona la tranquilidad y la falta de ruidos y, de la costumbre, que también hace mucho, nuestra percepción cambió totalmente.
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El hotel está muy bien, es de 4 *, bastante nuevo, tiene una estética moderna y bonita aunque, la clientela que se suele hospedar allí lo hace más bien por negocios.


El hotel cuenta con un parking gratuito, cubierto, vigilado y, con seguro de robo ¡Que maravilla, ya podían ser todos así!.
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Una vez descargamos el equipaje fui a recepción a pedir un carrito para transportarlo y, de ahí lo del tipo de clientela que suelen tener, solo tenían un carro y para ello guardado en el almacén. Tuvieron que desempolvarlo y quitarle varias cosas de encima. En recepción hablaban poco o nada de español así que, recurrí al “I have a reservation…” y el resto fue surgiendo.

Habíamos reservado la habitación estándar, muy bonita, con una estética moderna y minimalista. Era muy luminosa y quizás no muy grande (teniendo en cuenta que veníamos del Hotel Suite Novotel Cannes y, de la cantidad de equipaje que llevábamos) pero, sin duda suficiente.
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La cama, de 1,50 cm era muy cómoda, la ropa de cama agradable y, la colcha tan blanca que daba gusto mirarla pero, miedo apoyar algo.
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La habitación tenía una televisión plana bastante grande con el canal TVE internacional sintonizado, wifi gratis, aunque muy lento, caja fuerte gratuita y, una nevera, cuyos precios por cierto eran bastante asequibles, que nos vino de maravilla para guardar la comida.
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El baño también estaba muy bien, tenía secador, bañera, quizás un poco alta, por lo que costaba un poco entrar y salir. Incluso contaba con un tirador a modo de alarma (algo que también veríamos de aquí en adelante en el resto de hoteles de Italia).
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El desayuno se sirve de 7.00 a 10.00 horas y es excelente. Había leído en varias webs y foros que era muy bueno y, puedo confirmarlo. Había tanta variedad que no sabía que elegir…
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El hotel también cuenta con un servicio de préstamo gratuito de bicicletas. Una buena opción para moverse por la ciudad de una forma ecológica y cómoda. Además, Bolonia es llana y cuenta con carriles bici, por lo que circular tiene que resultar fácil.

Otra cosa que leí en internet pero que no comprobé es que por lo visto, entre las 10.30 y las 17.30 sirven café o te gratuito en el bar.

El precio de la habitación estándar con desayuno incluido fue de 82,51€ la noche (total 247,53€ los tres días que permanecimos allí). La reserva la hicimos a través de la web central de reservas, ya que salía mas económico que en la propia web del hotel.

Una vez dejamos el equipaje y nos cambiamos de ropa, salimos a buscar un supermercado para hacer compra para esos días. Por cierto, la comida es bastante cara.

Y regresamos al hotel, estábamos cansados así que dejamos la visita a la ciudad para otro día. Al día siguiente íbamos a Maranello a conocer el Museo de Ferrari. Suso estaba emocionado, y eso que no sabía lo que acabaría sucediendo allí…