Martes 2 de noviembre
Como el resto de días nos levantamos temprano y es que, antes de partir hacia Bolonia había que dejar el coche en Hertz. Yo llevé el coche y Suso fue con la moto, así a la vuelta no tendría que venir andando y ganaríamos tiempo. Me hizo gracia verme con la ropa de la moto en el Chevrolet, aparte, de lo incómodo que resulta conducir un coche tan pequeño con coderas y rodilleras…
Como el resto de días nos levantamos temprano y es que, antes de partir hacia Bolonia había que dejar el coche en Hertz. Yo llevé el coche y Suso fue con la moto, así a la vuelta no tendría que venir andando y ganaríamos tiempo. Me hizo gracia verme con la ropa de la moto en el Chevrolet, aparte, de lo incómodo que resulta conducir un coche tan pequeño con coderas y rodilleras…
Y volvimos al hotel, colocamos el equipaje y partimos. El día estaba nublado pero no llovía ¡Menos mal!. Teníamos por delante 505 km hasta Bolonia. Al poco de entrar en la autopista ¡A pagar!. Estábamos en Francia, aquí cada pocos kilómetros hay un peaje.
Cuando llevábamos unos 100 km comenzó a llover ¡Bueno! Nada nuevo. No llovía demasiado, lo justo para fastidiar un poco. De coña, le dije a Suso que ya podía haber un túnel muuuuy largo para evitar la lluvia y…dicho y echo, no exactamente un túnel así de largo pero, si muchos y muy seguidos. Durante bastantes kilómetros fuimos por un autopista cuya serie era, tramo de carretera, atravesar un túnel, cruzar un puente, y así sucesivamente. ¡Lo que debió de costar hacer esta autopista…! Como curiosidad, decir que los paisajes nos recordaron mucho a Galicia, supongo que la lluvia también influyó.
Creo que no lo había dicho hasta ahora pero, tanto en Francia como en Italia el límite de velocidad es distinto a España. En ambos países el máximo permitido es de 130 km y, en caso de lluvia o mal tiempo 110 km.
Por suerte, en Italia no había tantos peajes como en Francia, de echo, solías entrar en una autopista y no pagabas hasta llegar al destino. El tramo que hicimos por Francia, unos 60 km aproximadamente, nos costó unos 4 €, el resto hasta Bolonia 33.50 €.
Era mediodía y empezó a llover bastante, por lo que aprovechamos para comer. Buscamos un área de servicio con un restaurante de la cadena Autogrill y paramos. Nunca habíamos comido en este restaurante y, teníamos ganas de carne. ¡Menuda decepción!. El menú del día costaba 12.90€ por persona (primer plato de pasta, segundo de carne o pescado, pan y bebida) pero, como las que atendían no tenían muchas ganas de trabajar ni de explicarse, a pesar de haberlo preguntado concretamente, cogí platos que no entraban dentro del menú así que, cuando llegué a caja me acabaron clavando 31,80€. La comida además de mala estaba fría, las patatas fritas asquerosas y, encima cogí un botellín de agua con gas ¡Vamos, un desastre! Que si podemos evitarlo, no volvemos a pisar un Autogrill en nuestra vida. Encima, al señor que estaba en la mesa de al lado le robaron allí mismo la cartera, por lo que estuvimos vigilando nuestras pertenencias en todo momento (esto me recuerda a la megafonía de los aeropuertos....) además, en los baños había un señor con un platito para que después de usarlo le dejaras la propina…(mas adelante descubriríamos que era lo habitual en los baños públicos de Italia)
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Y volvimos a la carretera, de camino se nos estropeó uno de los intercomunicadores. Lo debimos de colocar mal y le entró agua por lo que, yo no podía hablar, solo escuchar y, Suso al revés. La verdad es que lo pasé muy bien porque Suso iba hablando y contándome cosas, por lo que parecía que iba escuchando la radio. Además, basta que no puedas hablar para que todo te haga más gracia. Yo solo le daba un toquecito para el “Si” y dos para el “No”. Esto también trajo cola…Por suerte, lo del intercomunicador quedó en nada, una vez en el hotel lo secamos y volvió a funcionar.
A medida que nos acercábamos a Bolonia el tiempo fue mejorando. Dejó de llover e incluso podía verse algún claro. Las carreteras pasaron de ser sinuosas a rectas inmensas y, el asfalto drenante resultó ser maravilloso.
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Sobre las cuatro de la tarde llegamos a Bolonia y nos fuimos directos al hotel. Entramos en la ciudad por la Vía de Stalingrado, una zona frecuentada por “chicas” a todas horas que como primera impresión no fue muy buena.
El hotel en el que nos alojamos durante tres días fue el Sav Hotel, que se encuentra en la Vía F. Parri 9, algo alejado del centro, calculo que a unos 2-3 km de éste. Aunque para nosotros las distancias, al ir con la moto, no eran un problema. La primera impresión del hotel como edificio fue muy buena pero, la ubicación no tanto.
Nos parecía una zona un tanto deshabitada, estaba rodeada por un área residencial donde apenas se veía gente y, de una construcción que parecía una fábrica pero que resultó ser el parking de un centro comercial. La verdad es que solo fue la primera impresión porque, después de comprobar como era la ciudad, de pasar por allí muchas veces y no ver nada raro, de comprobar en primera persona la tranquilidad y la falta de ruidos y, de la costumbre, que también hace mucho, nuestra percepción cambió totalmente.
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La cama, de 1,50 cm era muy cómoda, la ropa de cama agradable y, la colcha tan blanca que daba gusto mirarla pero, miedo apoyar algo.
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La habitación tenía una televisión plana bastante grande con el canal TVE internacional sintonizado, wifi gratis, aunque muy lento, caja fuerte gratuita y, una nevera, cuyos precios por cierto eran bastante asequibles, que nos vino de maravilla para guardar la comida.
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El desayuno se sirve de 7.00 a 10.00 horas y es excelente. Había leído en varias webs y foros que era muy bueno y, puedo confirmarlo. Había tanta variedad que no sabía que elegir…
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Otra cosa que leí en internet pero que no comprobé es que por lo visto, entre las 10.30 y las 17.30 sirven café o te gratuito en el bar.
Nos parecía una zona un tanto deshabitada, estaba rodeada por un área residencial donde apenas se veía gente y, de una construcción que parecía una fábrica pero que resultó ser el parking de un centro comercial. La verdad es que solo fue la primera impresión porque, después de comprobar como era la ciudad, de pasar por allí muchas veces y no ver nada raro, de comprobar en primera persona la tranquilidad y la falta de ruidos y, de la costumbre, que también hace mucho, nuestra percepción cambió totalmente.
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El hotel está muy bien, es de 4 *, bastante nuevo, tiene una estética moderna y bonita aunque, la clientela que se suele hospedar allí lo hace más bien por negocios.
El hotel cuenta con un parking gratuito, cubierto, vigilado y, con seguro de robo ¡Que maravilla, ya podían ser todos así!.
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Una vez descargamos el equipaje fui a recepción a pedir un carrito para transportarlo y, de ahí lo del tipo de clientela que suelen tener, solo tenían un carro y para ello guardado en el almacén. Tuvieron que desempolvarlo y quitarle varias cosas de encima. En recepción hablaban poco o nada de español así que, recurrí al “I have a reservation…” y el resto fue surgiendo.
Habíamos reservado la habitación estándar, muy bonita, con una estética moderna y minimalista. Era muy luminosa y quizás no muy grande (teniendo en cuenta que veníamos del Hotel Suite Novotel Cannes y, de la cantidad de equipaje que llevábamos) pero, sin duda suficiente.
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La cama, de 1,50 cm era muy cómoda, la ropa de cama agradable y, la colcha tan blanca que daba gusto mirarla pero, miedo apoyar algo.
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La habitación tenía una televisión plana bastante grande con el canal TVE internacional sintonizado, wifi gratis, aunque muy lento, caja fuerte gratuita y, una nevera, cuyos precios por cierto eran bastante asequibles, que nos vino de maravilla para guardar la comida.
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El baño también estaba muy bien, tenía secador, bañera, quizás un poco alta, por lo que costaba un poco entrar y salir. Incluso contaba con un tirador a modo de alarma (algo que también veríamos de aquí en adelante en el resto de hoteles de Italia).
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El desayuno se sirve de 7.00 a 10.00 horas y es excelente. Había leído en varias webs y foros que era muy bueno y, puedo confirmarlo. Había tanta variedad que no sabía que elegir…
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El hotel también cuenta con un servicio de préstamo gratuito de bicicletas. Una buena opción para moverse por la ciudad de una forma ecológica y cómoda. Además, Bolonia es llana y cuenta con carriles bici, por lo que circular tiene que resultar fácil.
Otra cosa que leí en internet pero que no comprobé es que por lo visto, entre las 10.30 y las 17.30 sirven café o te gratuito en el bar.
El precio de la habitación estándar con desayuno incluido fue de 82,51€ la noche (total 247,53€ los tres días que permanecimos allí). La reserva la hicimos a través de la web central de reservas, ya que salía mas económico que en la propia web del hotel.
Una vez dejamos el equipaje y nos cambiamos de ropa, salimos a buscar un supermercado para hacer compra para esos días. Por cierto, la comida es bastante cara.
Y regresamos al hotel, estábamos cansados así que dejamos la visita a la ciudad para otro día. Al día siguiente íbamos a Maranello a conocer el Museo de Ferrari. Suso estaba emocionado, y eso que no sabía lo que acabaría sucediendo allí…
2 comentarios:
Uy, que misteriosa!! jejeje, que ganas de leer tu próxima entrada, a ver que pasó en el museo Ferrari.
Yo "conocí" Bolonia or el plan universitario jajaja, así que poco puedo opinar, pero el hotel si que se ve moderno.
un beso Brujilda!!
Hay que darle un poquito de misterio Maeva jejeje.
Espero poder publicar hoy la próxima crónica. Está casi lista, me faltan un par de detalles...
El plan Bolonia, los espaguetis a la boloñesa...¡Que por cierto no llegué a probar!.
Un besito Maeva.
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