lunes 13 de febrero de 2012

Día 2 París. Conociendo la ciudad de la luz.

15 de enero de 2012

A las 9.00 de la mañana estábamos en pie. Tras preparar el desayuno en la cocina de la habitación pusimos rumbo a la Torre Eiffel, que se encuentra a 8 kms del hotel en coche. 

  
Encontramos aparcamiento en medio de los Champs de Mars, que es la zona ajardinada que hay entre la Torre Eiffel y el Ecole Militaire. El aparcamiento era de zona azul de pago pero, creo que al igual que en España los domingos es gratuito. Nosotros supusimos que al tener la tarjeta de aparcamiento para discapacitados no pagaríamos nada y, ahora puedo decir casi con total seguridad que los discapacitados están exentos de pagar. Pero lo digo no porque nos lo hayan confirmado, sino porque si no fuera así ya nos habrían multado seguro.

 
La Torre Eiffel es el emblema de París y el símbolo de Francia, además de uno de los monumentos más visitados del mundo. Esta estructura de hierro fue durante más de 40 años la más elevada del mundo hasta ser superada por el edificio Chrysler de Nueva York en el año 1930. 

 
Mide 300 metros de altura, longitud que posteriormente fue prolongada con una antena hasta los 325 metros. Fue diseñada por el ingeniero francés Gustave Eiffel para la Exposición Universal de París de 1889 y, aunque hoy en día París resulta inimaginable sin "la dame de fer", en sus inicios, su creador tuvo que aguantar numerosas recriminaciones cuando, supuestamente, estropeó la imagen urbana de la ciudad con esta torre desnuda que actualmente es todo un orgullo para los parisinos.


La primera impresión al verla fue de asombro. Además de por su tamaño, nos sorprendió gratamente su estilizada y armónica silueta. Hicimos unas fotos de rigor desde abajo y después nos acercamos a las taquillas a comprar las entradas para subir a ella.

 
Para subir a la Torre Eiffel hay dos taquillas de venta de entradas, una para hacerlo en ascensor y otra para subir por las escaleras caminando. Los precios varían en función de si se sube de una u otra forma y, de si se hace hasta la primera, segunda o tercera planta. He aquí la web con las tarifas.


Había leído que suele haber grandes colas para comprar las entradas pero, ese día en concreto no había demasiadas. Hay que tener en cuenta que era enero, domingo, y hacía un frío que pelaba. Nos acercamos a un trabajador y éste nos comentó que al ir con la silla de ruedas no teníamos que esperar cola pero, que por motivos de seguridad las personas con discapacidad y sus acompañantes solo pueden llegar hasta la segunda planta, ya que para acceder hasta la tercera hay que subir un pequeño tramo de escaleras y, en caso de evacuación podría suponer un problema. 
  
 
El trabajador me acompañó hasta la taquilla y compré las entradas, cuyo coste fue de 4,10 € por persona con la tarifa reducida para discapacitados. Después cogimos el ascensor y subimos hasta la segunda planta. 

 
Una vez arriba nos asomamos a contemplar las vistas, que son espectaculares. El Sena, la Ecole Militaire, la Cité de L´Architecture, la cúpula de Les Invalides, la Tour Montparnasse, así como la ciudad en general. Si ya desde la segunda planta la altura y las vistas son impresionantes, no me quiero imaginar como se vería la ciudad desde la tercera. 

  
Bordeamos la terraza para contemplar las vistas desde todos los lados y, tras realizar numerosas fotos decidimos bajar. Un consejo, os recomendaría subir a la Torre Eiffel de día y a la Torre Montparnasse de noche, ya que esta última incluye las vistas de la Torre Eiffel iluminada y ésta se ve preciosa. 

  
Una vez abajo nos acercamos hasta la Cité de L´Architecture, ya que había leído que ofrece muy buenas vistas de la Torre Eiffel. Allí mismo, un artista callejero estaba actuando y me quedé un rato viendo el show.


De ahí fuimos por la orilla del Sena viendo las embarcaciones que la navegan, así como los diferentes barcos-vivienda que habitan en el río. 

 
Teníamos pensado ir hasta el Pont de Grenelle para ver la escultura de la estatua de la libertad, idéntica a la que hay en State Island en Nueva York pero considerablemente más pequeña aunque, finalmente lo descartamos porque era mediodía y teníamos hambre. Cruzamos el Pont de Bir–Hakeim y seguimos por el Boulevard de Grenelle hasta la esquina con la calle Du Commerce, donde había un McDonalds.
  
A la salida y por recomendación de una parisina compramos en una panadería-pastelería que se encontraba en la Avda Motte-Picquet, al lado de un Starbucks, unos croasants de postre que estaban muy buenos y una baguette para la cena. 
  
Después fuimos caminando por dicha avenida hasta la Ecole Militaire, y de ahí continuamos hasta Les Invalides para ver la Catedral, el Musée de L´Armee y la tumba de Napoleón, que descansa bajo la cúpula dorada del edificio.

  
El Hotel y Catedral de les Invalides fue construído por orden de Luis XIV, el Rey Sol, para albergar a los inválidos de la guerra. Este gigantesco edificio cuenta con una brillante cúpula revestida con láminas de plomo dorado que se dora cada 50 años para mantenerla en todo su esplendor, y que está considerada una obra maestra de la arquitectura barroca.


La entrada al recinto tenía un coste pero, los discapacitados y un acompañante de estos pueden acceder al interior de forma gratuita. Eso sí, el acceso es un tanto complicado, ya que el suelo está adoquinado y, aunque existe un tramo liso en los laterales, para llegar hasta el hay que subir unos escalones.

 
Primero visitamos la catedral y después entramos en el Musée de L´Armee que, a pesar de su carácter bélico fue muy interesante.


Cuando nos disponíamos a entrar en la tumba de Napoleón nos encontramos con que había cerrado así que, tuvimos que conformarnos con ver el edificio iluminado desde fuera.

De ahí seguimos caminando por el Boulevard dus Invalides y el Boulevard du Montparnasse hasta llegar a la Torre Montparnasse, un edificio que con sus 210 metros de altura es, tras la torre AXA de La Défense (220 m), el segundo rascacielos más alto de Francia. 

 
Al lado de la Torre Montparnasse se encuentra una de las Galerías Lafayette, consideradas el centro comercial más famoso y mítico de la capital francesa. Aunque las más destacadas no son éstas, sino las que se encuentran en la calle Lafayette, al lado de la Opera Garnier, un edificio de estilo Art Nouveau cuyo elemento más característico es su majestuosa cúpula de cristal de estilo neo-bizantino que ha sido calificada como monumento histórico.

La Torre Montparnasse ofrece unas magníficas vistas de la ciudad y su mar de luces. El edificio consta de dos miradores, uno en la planta 56 que en ese momento estaba en obras, y otro en el piso 59, donde hay una terraza exterior recubierta de vidrio que cuenta con espacios abiertos para poder sacar fotos sin el molesto cristal de por medio.

 
El coste de las entradas fue de 2,50 € para Suso por discapacitado y de 7 € para mi. Eso sí, hay que tener en cuenta que las sillas solo pueden subir hasta el piso 56, ya que para llegar hasta el 59 hay que subir tres tramos de escaleras. Y cogimos el ascensor, considerado el más rápido de Europa por subir los 196 metros de altura hasta el piso 59 en apenas 38 segundos. 

 
Las vistas desde la terraza son impresionantes, especialmente de la Torre Eiffel que, iluminada, está realmente bonita. Una recomendación, intentad permanecer en la terraza a las horas en punto, ya que la Torre Eiffel ofrece una iluminación especial durante cinco minutos. 

 
Y tras disfrutar de las vistas, hacer multitud de fotos, pasar muuuucho frío a pesar de estar protegidos detrás del cristal, así como de sentir el movimiento del edificio a consecuencia de la altura y el viento, decidimos que era hora de bajar y volver al hotel.

Estábamos muy lejos del coche para ir caminando así que nos acercamos a la estación de tren y metro Montparnasse que se encontraba al lado de la torre y cogimos la línea 6 del metro en dirección a Étoile. El precio de cada billete fue de 1,70 €, aunque supongo que habrá algún bono para que los trayectos salgan algo más económicos. Eso sí, en muchas paradas la accesibilidad es escasa o incluso nula, por lo que Suso tuvo que bajarse de la silla en numerosas ocasiones.


En seis paradas llegamos a nuestra estación, la de Bir Hakeim, donde bajamos y continuamos caminando hasta los Champs de Mars, lugar en el que habíamos dejado el coche.

Y de ahí nos fuimos al hotel a pegarnos una duchita bien caliente para combatir el frío y por supuesto a cenar que, de tanta caminata, estába realmente hambrienta.

Al día siguiente continuaríamos visitando los monumentos más conocidos de la ciudad pero... esto queda pendiente para la próxima entrada.

jueves 9 de febrero de 2012

Día 5 viaje a Miami. Tercer día de crucero por Bahamas.

Miércoles 16 de noviembre del 2011.

Nos levantamos a las 6.30 de la mañana debido a que la noche anterior nos habíamos acostado muy temprano. Tras el desayuno y sobre las 9.00 cogimos el barco de tránsito que en menos de diez minutos nos llevó hasta la bonita isla de Coco Cay.

  
Coco Cay es una pequeña isla privada de Royal Caribbean. Consta de varias playas, la principal, dotada de numerosas hamacas y conocida como Snorkel Beach está destinada además de al baño a la práctica del snorkel. Asimismo, a  lo largo de la isla existen otras playas de menor tamaño, menos masificadas que ésta e incluso algo alejadas si se va en busca de tranquilidad. 


Todas las instalaciones de la isla están pintadas de colores vivos y cálidos que, junto con las palmeras, la vegetación, la blanca arena y el color turquesa de sus aguas da como resultado una isla de lo más caribeña y pintoresca.

 
Además está muy bien acondicionada. Cuenta con una zona de restauración donde sirven de forma totalmente gratuita comida tipo barbacoa a los cruceristas, una zona destinada a música en directo, varios puestos para la práctica de deportes naúticos como motos acuáticas, kayaks o alquiler de equipos de snorkel, así como un pequeño mercadillo. 



Ese día dejamos la silla de ruedas en el barco. Al llegar a Coco Cay nos hicimos con una silla específica para la arena con la que nos trasladamos a la playa Snorkel Beach, ya que teníamos intención de además de tomar el sol y bañarnos, de que yo practicara snorkel.


Fuimos de los primeros en llegar a la isla, ya que el primer barco que salía del Majestic of the Sea lo hacía a las 8.30. Al llegar a la playa nos hicimos con unas hamacas a la sombra, pues se preveía un sol de justicia, además de en primera línea para estar más cerca del agua. 


Nos embadurnamos bien de crema y, cuando nos disponíamos a entrar en el agua con nuestras gafas y tubo de buceo, uno de los socorristas nos dijo que para hacer snorkel había que alquilar a mayores un chaleco y unas aletas, además de recibir una charla informativa y unas nociones básicas en el stand de orientación que se encontraba próximo a la caseta de alquiler del equipo.

 
Mientras Suso se quedaba dándose un chapuzón yo me acerqué al stand de orientación. El problema es que además de llegar tarde la charla era en inglés, por lo que tan solo me quedé con la imagen de unos peces considerados peligrosos, unas algas a evitar, y entendí vagamente un chiste sobre la posibilidad de encontrarme con tiburones...


Después alquilé el resto del equipo de snorkel, cuyo coste fue de 15 $ que tuve que pagar con la tarjeta Sea Pass, ya que no se acepta dinero en efectivo.


Una vez en la playa y completamente equipada hice mi primera inmersión. Llevaba la cámara de fotos sumergible por lo que se preveía una buena sesión fotográfica. Comencé a nadar mar adentro pero, cuando empecé a avistar los primeros peces la cámara de repente hizo chof. Salí del agua temiéndome lo peor. Si, le había entrado agua y no tenía arreglo, ya que la salitre había corroído el interior. Tras el disgusto inicial especulamos con qué podía haber pasado. La hemos sumergido en numerosas ocasiones y nunca había fallado. Es probable que al llevarla anudada al brazo el cordel se enganchara con el cierre y éste se abriese ligeramente. Hoy por hoy puedo decir que, pese a las dudas de si iba o no a entrar en garantía, finalmente nos dieron una cámara nueva. 


Volví al agua pero sin cámara y ¡que pena! porque había multitud de peces, algunos de gran tamaño, incluida una raya que me pasó muy cerca. Por seguridad, debido a la gran cantidad de gente que había practicando snorkel, tanto en la arena como en una plataforma sobre el agua había varios socorristas.  

 
Tras la inmersión salí del agua. Suso estaba durmiendo así que decidí coger la otra cámara de fotos y dar una vuelta por la isla para conocerla e inmortalizarla. Primero me acerqué al Cococay Bridge, un puente donde habitan varias iguanas y donde tuve la suerte de tropezarme con una. Son animales fáciles de fotografiar debido a que se suelen quedar completamente quietos, eso sí, al acercarme a ella huyó despavorida. Después me armé de paciencia y durante un tiempo esperé a que otros ejemplares se acercaran para fotografiarlos.



 
Más tarde fui hasta el mercadillo en el que vendían souvenirs de todo tipo. De entre todos me llamaron la atención estos cocos pintados simulando pelotas de rugby. Después recorrí la isla de un extremo a otro, metiéndome por todo camino que parecía llevar a alguna parte y, finalmente volví a la playa a realizar mi segunda inmersión en el agua.



Al salir del agua tenía hambre así que me acerqué hasta la zona de restauración a por agua fresca y unos pastelitos. Esta zona consta de varias casetas, una para las ensaladas, otra para las salsas, la carne, la fruta, los postres y las bebidas. Se me hizo la boca agua al ver las ensaladas, las costillas y el pollo que se servía porque la verdad es que tenían una pinta estupenda. Desperté a Suso para ver si le apetecía comer algo pero, como no tenía mucha hambre tan solo comimos los pastelitos. 


Pasado un rato decidí ir a buscar una ensalada, ya que me apetecía algo fresco y, cual fue mi sorpresa cuando al llegar a la zona de restauración apenas quedaba nada y es que, eran las 13:50 horas y no sabíamos que el horario de comida era de 12:00 a 14:00 horas. Solo había hamburguesas y perritos. Me puse a la cola y mientras no llegaba mi turno fui cogiendo la fruta y el postre antes de que se terminase. Después me serví un poco de arroz y unas hamburguesas que completé con pan, tomate, unas hojas de lechuga y queso. No había bandejas e iba sola así que, entre los platos de la comida, los del postre y los vasos de agua parecía la mujer orquesta. La verdad es que las hamburguesas estaban buenas pero, nos habíamos quedado con ganas de costilla o pollo.


La temperatura era estupenda, el cielo estaba completamente despejado y, aunque había un poco de viento se agradecía, ya que sino nos hubiéramos asfixiado. Tras la comida hice mi tercera y última inmersión y, poco antes de coger el barco de regreso llevé a Suso a conocer la isla y a ver a las iguanas. 


  
El último barco salía de Coco Cay hacia el Majestic of the Sea a las 16:15 horas. Una vez en el barco pasamos los controles de acceso y nos fuimos directamente al camarote. Entre los paseos y el snorkel estaba agotada así que, dormí una pequeña siesta para reponer fuerzas.


El resto de la tarde la pasamos en las diferentes cubiertas del barco disfrutando de las instalaciones y descansando. A las 20:00 horas fuimos a cenar al buffet y, tras la cena nos acercamos a la sala Boleros a ver nuevamente al grupo latino Dominican Quarter. Al terminar el espectáculo continuamos la fiesta en la cubierta 11, donde hubo muy buena música y animación. Allí estuvimos bailando, aprendiendo coreografías, haciendo la conga y disfrutando de la noche hasta que nos dio el sueño y volvimos al camarote. 


Al día siguiente atracaríamos en Key West, dejábamos atrás Bahamas y volvíamos a EE.UU, a visitar uno de los cayos más bonitos de Florida.

Gastos del día:

15 $ Alquiler equipo snorkel
2,59 $ Consumición.

domingo 5 de febrero de 2012

Día 1 París: Hotel Adagio Access Vanves Porte de Chatillon.

14 de enero de 2012.

Salimos de Zamora en dirección a Madrid sobre las 12.00 de la mañana con una densa niebla que nos fue acompañando durante buena parte del camino. Íbamos con tiempo suficiente, ya que hasta las 17:45 horas no salía el vuelo así que, decidimos evitar el túnel de pago de Guadarrama, cuyo coste es de 10,55 € y salimos por Adanero, cruzando las localidades de Villacastín y San Rafael.

Finalmente llegamos al Aeropuerto de Madrid sobre las 15.00 horas. Como en el viaje a Miami volvimos a dejar el coche en el parking low cost de Barajas, cuyo coste para siete días fue de 45 €. Para más información aquí os dejo un enlace a la entrada publicada.

Nuestro vuelo salía de la Terminal 1 y, ésta se encontraba a apenas 250 metros del parking low cost, por lo que fuimos caminando hasta ella. Bueno, realmente no hicimos todo el tramo caminando, ya que encontramos una parada de autobus a escasos metros de la terminal y, aunque el trayecto fue de apenas 20 segundos decidimos subirnos al bus de tránsito, que es totalmente gratuito. La verdad es que no fue por vagancia es que, empujar una silla de ruedas, a su ocupante y dos maletas encima conlleva un esfuerzo y, esta servidora es un poco flemillas.

En esta ocasión viajamos con Easyjet. Nunca hasta el momento habíamos volado con una compañía de bajo coste pero, tengo que reconocer que ha sido una agradable y económica experiencia. El precio del vuelo fue de 153,96 € (76,98 € por persona). Eso sí, solo podíamos llevar una maleta de cabina como equipaje de mano que no superase las siguientes medidas: 56 x 45 x 25 cms. Cada maleta que se tuviera que facturar tenía un coste de 50 €. Además, suelen ser bastante estrictos con los bultos, no pudiendo meter a mayores del equipaje de mano ningún bolso, tan solo un libro, la tablet o el portátil en la mano.

Otro de los inconvenientes de estas compañías es que los billetes no tienen asiento asignado por lo que, en primer lugar embarcan los titulares de la tarjeta speedy boarding y el resto por orden de llegada a la cola de embarque. Así que, sino se llega pronto, las personas que viajan juntas puede que no consigan asientos pegados. Otra curiosidad es que los asientos no son reclinables por lo que, para un vuelo corto está bien pero, en viajes más largos pueden ser algo incómodos.

Una vez en el aeropuerto nos acercamos al mostrador de atención a personas con movilidad reducida a solicitar la asistencia que habíamos reservado previamente por teléfono. La chica que nos acompañó hasta la puerta de embarque nos dijo que en Easyjet las personas con discapacidad solían embarcar las últimas. Al contrario de lo habitual nos hicieron embarcar los primeros y nos dieron unos asientos juntos en la primera fila.

Ese día el avión iba lleno por lo que solicitaron por megafonía voluntarios para facturar el equipaje de mano de forma totalmente gratuita, debido a que en la cabina no entraba el equipaje de mano de todos los pasajeros. Como apenas hubo un par de voluntarios, los últimos de la fila tuvieron que dejar sus maletas en la entrada del avión y una vez en París, pasar a recogerlas por la cinta de equipajes.

El vuelo fue agradable. Salimos puntualmente de Madrid a las 17:45 horas y tras 1 hora y 45 minutos de vuelo llegamos a París, al aeropuerto Charles de Gaulle. Una vez en París vinieron a recogernos con una silla de ruedas para llevarnos hasta la cinta de equipajes a recoger la nuestra.

Ya estábamos en París, solo nos quedaba coger el coche de alquiler e irnos al hotel. La compañía de rent a car que escogimos fue Advantage, una compañía de bajo coste que pertenece a Hertz y que cuenta con una modesta flota. La reserva la hicimos a través de la web de central del reservas y el precio del alquiler por seis días fue de 151 €.


Cuando preguntamos al chico que nos vino a recoger por dicha compañía no la conocía así que, nos acompañó hasta un mostrador de información donde, para nuestro asombro, no habían oído hablar nunca de esta empresa. El empleado llamo dos veces por teléfono al número que venía en la reserva pero, nadie lo cogía. Una amable pasajera que hablaba perfectamente español y francés nos hizo de traductora y, tras un buen rato dándole vueltas al asunto y con la mosca detrás de la oreja decidimos ir a buscarla por nuestra cuenta.

Estábamos en la Terminal 2B y, justo en la planta inferior a la que nos encontrábamos estaban todas las empresas de rent a car. En el primer mostrador que vimos preguntamos por la compañía y, por fin alguien la conocía. La caseta se encontraba justo en el exterior, en la zona de parking de Hertz. La verdad es que suspiramos aliviados.

Recogimos el vehículo, un Chevrolet Spark que nos dieron con el depósito lleno y por el cual tuvimos que dejar una fianza de 250 €. En caso de accidente tendríamos que correr con los gastos de la reparación hasta un máximo de 600 €, algo de lo que ya nos habían informado antes de hacer la reserva. Si no se quiere asumir este gasto existe un seguro cuyo coste ronda los 30 €. Como hasta ahora nunca nos ha pasado nada y queríamos que el viaje fuera low cost total lo descartamos. Eso sí, según conducen en París buena falta nos hubiera hecho porque, nos libramos de milagro de un par de accidentes.

Llevábamos nuestro propio GPS sin los mapas actualizados desde hace por lo menos cuatro años así que, perdidos y con el GPS totalmente desorientado dimos unas cuatro vueltas por la zona antes de conseguir salir del aeropuerto. Por fin pusimos rumbo al hotel, que se encontraba a unos 40 kms del aeropuerto. Teníamos intención de parar en un supermercado a hacer algo de compra pero, en París a las 20.00 horas cierra prácticamente todo. Por suerte, llegando casi al hotel encontramos un supermercado regentado por magrevíes donde nos abastecimos de un par de cosas para cenar esa noche y desayunar al día siguiente y donde por cierto, tenían una fruta estupenda.

El hotel escogido fue el Adagio Access Vanves Porte de Chatillón que se encuentra en 5 Rue Aristide Briand en Vanves, y que reservamos a través de la web de Accor Hoteles. El precio por seis noches fue de 387,88 € en régimen de solo alojamiento en un estudio con cocina. Como curiosidad, decir que los fines de semana los precios son más bajos que durante la semana (50 € frente a 69 €). Al precio total de la estancia tuvimos que sumarle 5 € de tasas municipales.


Nos decantamos por este hotel principalmente por precio y porque nos gustaron las opiniones leídas y las fotos. Buscábamos un estudio pero, en el centro de París no encontramos ninguno que nos gustara, ni en apariencia ni en precio. Hoteles sin cocina había muchos pero, o eran más caros, o eran muy cutres, o no contaban con parking. Este estaba un poco alejado del centro pero, con el coche las distancias no eran un problema.


El hotel está alejado del centro de París, para que os hagáis una idea dista unos 8 kms de la Torre Eiffel, 9 kms del Museo del Louvre, 19 kms de Versalles o 40 kms de Disney. Aún así, para aquellos que no dispongáis de vehículo deciros que la línea de metro Vanves se encuentra a unos 15 minutos caminando del hotel y su coste por trayecto es de 1,70 €. También existe la posibilidad de coger el tren Vanves – Malakoff, que se encuentra a unos 5 minutos a pie pero, por lo visto es algo más caro que el metro, aunque incluye la entrada a éste.


Por si os interesa, existe otro hotel de la misma empresa, características y precio en la misma zona pero más próximo al metro. Se llama Adagio Acces Vanves Porte de Versailles. Nosotros nos decantamos por el Porte de Chatillón porque nos gustó más el hotel y porque pensamos que al estar un poco más apartado sería más fácil encontrar aparcamiento.


Aunque bueno, encontrar aparcamiento en París es toda una odisea. El hotel contaba con un parking privado cuyo coste por noche era de 10 €. Tres días encontramos aparcamiento en el exterior, en una plaza reservada para discapacitados y, otras tres noches tuvimos que aparcar dentro porque no había hueco.


Una vez en recepción y a pesar del cartel visible que anunciaba que hablaban francés, inglés, español y portugués, nos encontramos con que el empleado tan solo hablaba los dos primeros idiomas. Había dos empleadas de habla hispana pero, estaban generalmente por las mañanas así que, esa noche chapurreamos como pudimos en inglés y, aunque con dificultad nos entendimos.


Habíamos reservado una habitación adaptada para sillas de ruedas pero, cuando llegamos a la habitación vimos que, aunque amplia, la bañera era exageradamente alta. Por lo visto, las habitaciones para discapacitados, al contrario de lo que suele ser habitual, cuentan con bañera en vez de con plato de ducha y asiento, algo que nos confirmó al día siguiente una de las empleadas. Pedimos que nos dieran una habitación normal, con plato de ducha, ya que resultaba mucho más cómoda y no haría falta hacer salto con pértiga para acceder a la bañera.


La habitación que nos dieron era algo más pequeña que la primera pero, resultaba mucho más cómoda y confortable. Además, estaba en la planta baja y daba para una zona con terraza donde poder salir a fumar tranquilamente.


La habitación era realmente un estudio. Contaba con una cama de 135 cms realmente cómoda, un escritorio con televisión en la que se sintonizaba el canal tve internacional, dos mini mesitas de noche, armario, caja fuerte y, estaba dotada de aire acondicionado y wifi gratis. La insonorización era buena. Nuestra habitación daba para la zona donde se servía el desayuno y os aseguro que no oímos nada.


La cocina contaba con una cocina eléctrica de dos hornillos, fregadero, microondas, nevera, cafetera, así como con un menaje completo y limpio, además de un trapo de cocina, estropajo y lavavajillas, algo que no se suele incluir. Por si a alguien le interesa, desayunar en el hotel tenía un coste de 7,50 € por persona.



El baño era muy pequeño. Contaba con un plato de ducha, un calentador de toallas y como amenities un par de jabones y botes de champú. No hay secador pero, en recepción prestan uno dejando un depósito de 10 €.




En cuanto a la limpieza el servicio resulta llamativo. En estancias de menos de 3 noches no se hace la habitación y, en alojamientos de 3 a 8 noches se hace pero solo una vez. Nosotros estuvimos alojados seis noches así que pedimos que nos la limpiaran el tercer día.


Como es habitual en nuestros viajes, llevábamos unos blisters de jamón serrano, chorizo ibérico y salchichón así que, esa noche cenamos un poco de embutido, fruta y unos yogures. Después, nos fuimos a dormir, había sido un día muy largo.

No habíamos planificado que visitaríamos al día siguiente pero, la Torre Eiffel tenía muchos puntos…..