Tras facturar las maletas encontramos un Starbucks y desayunamos. Todavía nos sobraba tiempo y tuvimos una idea…. Las Vegas es la ciudad del juego ¿verdad?, hay máquinas tragaperras por todas partes ¿verdad?, pues en el aeropuerto también las había, y muchas, así que si, al final jugamos en Las Vegas, no en un casino pero bueno, para que no se diga. Se que parecerá un poco raro, y reconozco que lo es.
Metímos 5 $ y comenzamos a jugar, pulsa botones…. ciruelas, cerezas, sietes… se encienden las lucecitas y ¡premio!. Ganamos 15,50 $. La cosa no podía quedar ahí así que metimos parte del premio 10 $, jugamos… mas ciruelas, cerezas… esta vez no hubo suerte pero recuperamos 2,50 $. Si mis matemáticas no fallan, al final recuperé los 5 $ más 3 $ más. No seguimos jugando, ya nos había llegado, para que no se diga que no jugamos en Las Vegas jejeje. Así que nada, abandonamos este mundo de ludopatía y cruzamos los controles en dirección a la puerta de embarque.
Al llegar a la puerta nos encontramos con la pareja del País Vasco que habíamos conocido en el Gran Cañón. Ellos también iban para Nueva York en el mismo vuelo, así que pasamos un buen rato charlando durante el tiempo de espera.
Volábamos con Delta Airlines a las 11:30 y salimos con un poco de retraso. El vuelo transcurrió muy tranquilo, eso sí, sin ofecernos nada de comer, salvo pagando claro, simplemente nos dieron agua, café y galletitas. Aunque nosotros habíamos sido precavidos y compramos algunas cosillas para matar el gusanillo. Incluso las películas eran de pago, costaban 6 $, Suso alquiló una pero, creo que para vuelos de mas de ciertas horas no cobraban nada, de echo a día de hoy todavía no han pasado el importe a la tarjeta.
El vuelo duró unas cuatro horas y media, por lo que llegamos a Nueva York a las 20:00 (entre Las Vegas y Nueva York hay tres horas de diferencia). Ya era de noche, el día se nos iba a hacer muuuuy corto. Al salir del aeropuerto nos pusimos a la cola de los taxis. Un señor que trabajaba para el aeropuerto organizaba a la gente, preguntando la zona a la que se dirigían y diciéndoles el importe fijo que tenían que pagar. La verdad es que está muy bien, ya que se evitan posibles timos. Para Manhattan la tarifa fija es de 50 $, 45 $ la carrera y 5 $ del peaje, propinas a parte.
Fue muy emocionante estar dentro de uno de esos taxis amarillos de las pelis, y por supuesto en Nueva York!!!. Había bastante tráfico y el taxista conducía fatal, además de muy rápido. Hubo un momento en que pegué un grito porque creí que le dábamos a otro coche por detrás. En fin, que tras unos cuarenta minutos y totalmente mareados llegamos a nuestro destino, Los Apartamentos Radio City, que se encuentran al lado de Times Square. Pero hoy no voy a hablar del hotel, queda pendiente para el próximo post, aunque como adelanto ahí va una foto de la fachada.
Una vez dejamos las maletas decidimos salir a dar una vuelta por la zona, era de noche y había mucho ambiente por la calle. Pero primero teníamos otra prioridad, encontrar un supermercado. El apartamento tenía una pequeña cocina y pretendíamos desayunar y cenar allí todos los días.
A dos calles encontramos uno llamado The Food Emporium. Deciros que la comida en Nueva York es carísima. Hicimos compra para un par de días, especialmente mucha fruta, que la echábamos de menos, embutido, pan, leche, zumos, sopa.... Hasta encontramos una rastra de chorizo Palacios "Tipical Spanish" que por supuesto metimos en la cesta.
Cargados de bolsas nos fuimos para el hotel, recogimos la compra, guardamos la ropa en los cajones, y preparamos la cena. Entre una cosa y otra se nos hizo muy tarde y decidimos dejar las visitas para el día siguiente. Nos acostamos con una agradable sensación, estábamos muy ilusionados de estar en Nueva York, deseábamos que llegara la mañana siguiente para salir a recorrer la Gran Manzana....


Reservé unos asientos en la fila 5, seccion 103, situados en el centro del teatro y bastante cerca de la piscina, pero sin llegar a mojarse. Además nos hicieron un 25% descuento por hospedarnos en el Bellagio, así que quedé encantada.
No me planteé subir, me daba mucho miedo, vértigo…en fin, que me pareció una locura. Y Suso se hubiera animado, pero digamos que le persuadí para que no lo hiciera, jejeje.

